humanistas y renacentistas
Humanismo es un concepto polisémico que se aplica tanto al estudio de las letras humanas, los estudios clásicos y la filología grecorromana; como a una genérica doctrina o actitud vital que concibe de forma integrada los valores humanos.
Por otro lado, también se denomina humanismo al «sistema de creencias
centrado en el principio de que las necesidades de la sensibilidad y de
la inteligencia humana pueden satisfacerse sin tener que aceptar la existencia de Dios y la predicación de las religiones», lo que se aproxima al laicismo o a posturas secularistas. Se aplica como denominación a distintas corrientes filosóficas, aunque de forma particular al humanismo renacentista (la corriente cultural europea desarrollada de forma paralela al Renacimiento a partir de sus orígenes en la Italia del siglo XV) caracterizado a la vez por su vocación filológica clásica y por su antropocentrismo frente al teocentrismo medieval.
El término Humanismus fue acuñado en 1808 por el pedagogo alemán Friedrich Immanuel Niethammer para referirse a las enseñanzas medias, centradas en el estudio de los clásicos griegos y latinos. Partía del término humanista,
de uso común ya en el siglo XVI y originado en la jerga estudiantil de
las universidades italianas para referirse a los profesores de
humanidades o studia humanitatis. En su origen, pues, el humanismo no era un sistema filosófico sino un programa educativo y literario,
pero al dar nueva vida a los sistemas filosóficos clásicos griegos y
latinos incorporaba importantes nociones filosóficas de orden diverso y
más bien ecléctico, coincidentes únicamente en dar valor al hombre y al estudio de las humanidades.
Considerando que el hombre está en posesión de capacidades
intelectuales potencialmente ilimitadas, los humanistas consideraban la
búsqueda del saber y el dominio de diversas disciplinas como condición
necesaria para el buen uso de estas facultades. Defendían, así, la
extensión y expresión en lengua vulgar
de todos los saberes, incluyendo los religiosos; la palabra divina
debía hacerse accesible a cualquier persona, fueran cuales fueran sus
orígenes o su lengua, lo que se concretó en las traducciones de la Biblia hechas por humanistas, como la de Jacques Lefèvre d'Étaples al francés en 1523.
Entendido así, el humanismo trata de exponer y difundir con mayor claridad el patrimonio cultural. El individuo, correctamente instruido, permanece libre y plenamente responsable de sus actos en la creencia de su capacidad de elección. Las nociones de libertad o de libre albedrío, de tolerancia, de independencia, de apertura y de curiosidad son, efectivamente, indisociables de la teoría humanista clásica.
Por extensión, se llama «humanista» a todo pensamiento que pone en el
primer plano de sus preocupaciones el desarrollo de la cualidades
esenciales del ser humano. Así, Paul Oskar Kristeller advierte que el término, asociado en el pasado con el Renacimiento,
en tiempos recientes ha venido a ser causa de mucha confusión filosófica e histórica. En el discurso de hoy día, casi cualquier clase de interés por los valores humanos recibe el calificativo de «humanista» y, en consecuencia, una enorme variedad de pensadores —religiosos o antirreligiosos, científicos o anticientíficos— se siente con derecho a lo que se ha vuelto un marbete de alabo bastante vago.
Una extensa categoría de doctrinas filosóficas en torno a la ética afirman la dignidad
y el valor de todos los individuos, basándose en su capacidad para
discernir lo bueno de lo malo, el bien y el mal, haciendo únicamente uso
de cualidades humanas universales, en particular la racionalidad.
El humanismo implica un compromiso con la búsqueda de la verdad y de la
moralidad por medios humanos, en particular las ciencias,
solidariamente con toda la humanidad. Al poner el acento en la capacidad
de autodeterminarse del individuo, el humanismo rechaza la validez de
las justificaciones trascendentales,
por considerarlas dependientes de lo sobrenatural y de las creencias,
tales algunos textos presentados como de origen divino. Los humanistas
desarrollan una moral universal basada en la identidad de la condición
humana.
El humanismo es, en resumen, un componente de una gran variedad de
sistemas filosóficos más específicos y de varias escuelas de pensamiento
religioso. Mucho antes de ser ampliamente empleado en términos
políticos, el humanismo es un concepto propio de la historia de la
filosofía, renovada con el Renacimiento, asociado en particular con el
movimiento representado por Erasmo, Michel de Montaigne o incluso por Guillaume Budé, a quienes corresponde el honor de haberse interesado a la vez por la literatura de la antigüedad greco-latina y la reflexión personal
Unos de sus representantes son:
TOMAS MORO
Tomás Moro o tambien conocido como Thomas More
Nació en el corazón de la ciudad de Londres (Inglaterra), en su casa familiar de Milk Street, el 7 de febrero de 1478.
Fue el hijo mayor de sir John More, mayordomo del Lincoln's Inn (uno de
los cuatro colegios de abogados de la Ciudad de Londres), jurista y
posteriormente nombrado caballero y juez de la curia real; y de su mujer
Agnes More (de soltera, Graunger). En 1486, tras cinco años de
enseñanza primaria en la antigua Escuela de San Antonio (Saint Anthony's
School), una destacada escuela de gramática de Londres, además de ser la única gratuita, fue conducido según la costumbre entre las buenas familias al palacio de Lambeth, donde sirvió como paje del cardenal John Morton, arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de Inglaterra.
El cardenal era un ferviente defensor del nuevo humanismo renacentista
y tuvo en mucha estima al joven Moro. Confiando en desarrollar su
potencial intelectual, Morton decidió, en 1492, sugerir el ingreso de
Tomás Moro, que por entonces contaba con catorce años, en el Canterbury
College de la Universidad de Oxford, donde pasará dos años estudiando la doctrina escolástica que allí se impartía y perfeccionando su retórica, siendo alumno de los humanistas ingleses Thomas Linacre
y William Grocyn. Sin embargo, Moro se marchó de Oxford dos años
después sin graduarse y, por insistencia de su padre, en 1494 se dedicó a
estudiar leyes en el New Inn de Londres
y, posteriormente, en el Lincoln's Inn, institución en la que había
trabajado su padre. En 1496 comenzó a ejercer la abogacía ante los
tribunales. Posiblemente durante esta época aprendió el francés,
necesario tanto para las cortes de justicia inglesas como para el
trabajo diplomático, uniéndose este idioma al inglés y latín ya
aprendidos durante sus estudios primarios.
En torno a 1497, comenzó a escribir poesías, con una ironía que le valió cierta fama y reconocimiento. En esta época tiene sus primeros encuentros con los precursores del Renacimiento, conociendo a Erasmo de Róterdam, con quien entablaría amistad, y a John Skelton.
Hacia 1501 ingresó en la Tercera orden de San Francisco, viviendo como laico en un convento cartujo hasta 1504. Allí se dedicó al estudio religioso. Alrededor de 1501 tradujo epigramas griegos al latín y comentó De civitate Dei, de san Agustín de Hipona. A través de los humanistas ingleses tuvo contacto con Italia. Tras realizar una traducción (publicada en 1510) de una biografía de Giovanni Pico della Mirandola
escrita por su sobrino Gianfrancesco, quedó prendado del sentimiento de
la obra que adoptó para sí, y que marcaría definitivamente el curso de
su vida.[cita requerida]
Aunque abandonó su vida ascética para volver a su anterior profesión
jurídica hasta ser nombrado miembro del Parlamento en 1504, Moro nunca
olvidó ciertos actos de penitencia, llevando durante toda su vida un cilicio en la pierna y practicando ocasionalmente la flagelación.
El rey Enrique VIII se enemistó con Tomás Moro debido a las desavenencias surgidas en torno a la validez de su matrimonio con su esposa Catalina de Aragón que Tomás, como Canciller, apoyaba. Enrique VIII
había pedido al papa la concesión de la nulidad de su matrimonio con
Catalina de Aragón y la negativa de este supuso la ruptura de Inglaterra
con la Iglesia de Roma y el nombramiento del rey como cabeza de la
Iglesia de Inglaterra.
El monarca insistió en obtener la nulidad de su matrimonio a fin de
poder casarse nuevamente para conseguir su deseo de tener un hijo varón,
que Catalina de Aragón no podía ya darle. La nulidad habría borrado la
infidelidad y le hubiera permitido un matrimonio válido a los ojos de la
Iglesia católica, legitimando los hijos que pudiera tener de su
matrimonio con Ana Bolena y todo habría quedado en un asunto intrascendente.
Las sucesivas negativas de Tomás Moro a aceptar algunos de los deseos
del rey acabaron por provocar el rencor de Enrique VIII. Luego de la
ruptura con Roma, y tras negarse Moro a pronunciar el juramento que
reconocía a Enrique como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, el rey lo encarceló en la torre de Londres.
Finalmente el rey, enojado, mandó juzgar a Moro, quien en un juicio
sumario fue acusado de alta traición y condenado a muerte (ya había sido
condenado a cadena perpetua anteriormente). Otros dirigentes europeos
como el papa o el emperador Carlos V,
quien veía en él al mejor pensador del momento, presionaron para que se
le perdonara la vida y se la conmutara por cadena perpetua o destierro,
pero no sirvió de nada y fue decapitado en Tower Hill una semana después, el 6 de julio de 1535. Está enterrado en una bóveda subterránea anexa a la capilla de San Pedro ad Vincula, que se encuentra en la torre de Londres.
Mantuvo hasta el final su sentido del humor, confiando plenamente en
el Dios misericordioso que le recibiría al cruzar el umbral de la
muerte. Mientras subía al cadalso se dirigió al verdugo en estos
términos: I pray you, I pray you, Mr Lieutenant, see me safe up and for my coming down, I can shift for myself
(«Le ruego, le ruego, señor teniente, que me ayude a subir, porque para
bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo»). Luego, al arrodillarse dijo:
«Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido
desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame
que la aparte». Finalmente, ya apartando su ironía, se dirigió a los
presentes: I die being the King's good servant—but God's first («Muero siendo el buen siervo del rey, pero primero de Dios»).
Moro no fue el único que estuvo en la encrucijada de si debía seguir al rey Enrique VIII o a la Iglesia de Roma. El por entonces recién creado cardenal John Fisher
también pasó por el mismo trance; Enrique VIII le mandó el capelo
cardenalicio cuando Fisher estaba en prisión, y fue también ejecutado.
Obras
Su obra cumbre fue Utopía
(1516), en la que aborda problemas sociales de la humanidad, y con la
que se ganó el reconocimiento de todos los eruditos de Europa. Uno de
sus inspiradores fue su íntimo amigo Erasmo de Róterdam. La redactó durante una de las misiones asignadas por el rey en Amberes.
El resto de sus obras es diverso pero siempre va engarzado por el
hilo común del ensalzamiento del idealismo y la condena de la tiranía.
Hay retratos de personajes públicos, como la Life of Pico della Mirandola
("Vida de Pico della Mirandola"), en realidad traducción de la
autobiografía de este humanista italiano, reivindicador de la primacía
de Platón frente a Aristóteles, o como la Historia Richardi Tertii (Historia de Ricardo III), una crítica despiadada (al oblicuo modo de Moro) del tirano que asesinó a su hermano mayor y a los hijos pequeños de Eduardo IV
para asumir el máximo poder. Este trabajo se publicó en inglés y en
latín, aunque la versión latina es bastante más extensa que la inglesa y
fue por ello atribuida erróneamente al cardenal John Morton. Inspiró, sin duda, el Ricardo III de Shakespeare. El personaje resulta, pues, en manos de Moro, un triste antihéroe de la degeneración política, de la tiranía.
Compuso también poemas en lengua inglesa, entre los cuales destacan sus sinceros epicedios al fallecimiento de las reinas inglesas, y diversos epigramas de su juventud (Epigrammata) en los que brilla su pensamiento antiabsolutista. Para Moro, según Antonio Poch,
la raíz de la tiranía se encuentra en la avaricia. La avidez de
riquezas y la de poder se alimentan y excitan mutuamente. El rey, si no
quiere ser tirano, debe por ello ser el buen custodio del rebaño que
las impida:
- ¿Qué cosa es el buen príncipe? Es el can custodio del rebaño, que ladrando ahuyenta a los lobos. ¿Y qué cosa es el mal príncipe? Precisamente es el lobo / Quid bonus est princeps? Canis est custos gregis... Quid malus? Ipse lupus (Epigramma IX)
El reino es como el cuerpo místico de Cristo del cual el rey es
cabeza: todos sus miembros están unidos por el amor y deben socorrerse
mutuamente: Populus sese pro rege... quilibet hunc proprie corporis esse caput (Ep. XV). El príncipe bueno dirige a hijos libres, el malo somete a siervos:
- Aquellos que el tirano señorea como siervos, el rey los estima como hijos / Servos tyrannus quos regit / rex liberos... putat suos.
Mención importante dentro de su obra merecen los diálogos-tratados
que realizó en defensa de la fe tradicional atacando duramente a los
reformistas tanto laicos como religiosos. Entre este tipo de obras se
encuentran por ejemplo Responsio ad Lutherum ("Respuesta a Lutero"), A Dialogue Concerning Heresies ("Un diálogo sobre la herejía"), The Confutation of Tyndale's Answer ("Refutación de la respuesta de Tyndale") o The Answer to a Poisoned Book ("Respuesta a un libro envenenado").
Además de escritos en defensa de la Iglesia de Roma, también escribió
sobre los aspectos más espirituales de la religión. Así, se encuentran
escritos como Treatise on the Passion ("Tratado sobre la Pasión de Cristo"), Treatise on the Blessed Body (Tratado sobre el Cuerpo Santo), Instructions and Prayers o De Tristia Christi ("La Agonía de Cristo"). Este último manuscrito, redactado de puño y letra de Tomás Moro en la Torre de Londres
en el tiempo en que estuvo confinado antes de su decapitación el 6 de
julio de 1535, y salvado posteriormente de la confiscación decretada por
Enrique VIII, pasó por voluntad de su hija Margaret a manos españolas y
a través de fray Pedro de Soto, confesor del emperador Carlos V, tuvo
por destino Valencia, patria de Luis Vives, amigo íntimo de Moro. Actualmente se conserva como parte de la colección que pertenece al museo del Real Colegio del Corpus Christi de Valencia.
Otras obras que escribió son las traducciones desde el latín que hizo de algunos diálogos de Luciano de Samosata: El cínico, Menipo, La necromancia y El tiranicida (al que añade una Responsio en que critica acerbamente a los tiranos), así como varias cartas y pequeños textos: Letter to Bugenhagen, Supplication of Souls, Letter Against Frith, The Apology, The Debellation of Salem and Bizance, A Dialogue of Comfort Against Tribulation, Letter to Martin Dorp, Letter to the University of Oxford, Letter to Edward Lee, Letter to a Monk.
ERASMO DE ROTTERDAM
Origen y formación
Aunque no queda constancia oficial de su año de nacimiento, sí se sabe que nació la madrugada de 28 de octubre.
En su estatua en Róterdam figura el año de nacimiento 1467, pero tras
las investigaciones realizadas por Harry Vredeveld en 1993, hoy en día
se considera a 1466 como la fecha más probable. Fue hijo bastardo de un sacerdote de Gouda y su sirvienta Margaretha Rogerius (Rutgers). A los nueve años fue enviado por su padre a la escuela de Deventer de los Hermanos de la Vida Común, donde tiene sus primeros contactos con el movimiento espiritual de la devotio moderna y aprendió latín y algo de griego con los revolucionarios métodos educativos de su director y maestro, el humanista Alexander Hegius von Heek.
Con dieciocho años de edad entró en el monasterio de Emmaus de Steyn (cerca de Gouda) de los Canónigos Regulares de San Agustín, monasterio que participaba igualmente de la espiritualidad de la devotio moderna.
En 1488 hizo la profesión religiosa y cuatro años después fue ordenado
sacerdote. Poco después de su ordenación, Erasmo obtuvo de sus
superiores el permiso para trabajar como secretario del obispo de
Cambrai, Enrique de Bergein, quien le dio una beca, hacia 1495, para estudiar teología en la Universidad de París, institución que en ese momento se encontraba viviendo con gran fuerza el Renacimiento de la cultura de Grecia y Roma. Allí hizo amistad con el célebre asceta Juan Momber y con uno de los primeros humanistas de París, Roberto Gaguin. Posiblemente en esta etapa se encuentren los comienzos del pensamiento humanista de Erasmo, que convirtieron al joven en un pensador libre y profesor de ideas independientes.
Viaje a Inglaterra: docencia y los "Adagios"
Texto de Erasmo de Róterdam tachado por la Inquisición.
Erasmo viajó a Londres entre 1499 y 1500, donde tuvo la oportunidad de escuchar a John Colet dando una gran exposición sobre la vida de san Pablo en la Universidad de Oxford.
Una vez terminada, Erasmo se acercó a John Colet y mantuvo con él una
larga conversación sobre el modo de efectuar una lectura verdaderamente
humanista de la Biblia
que marcaría profundamente su pensamiento. Tanta era su admiración
hacia Colet, que «Erasmo que no reconocía otro maestro que a sí mismo,
dio solo a él el título de praeceptor unicus».
En ese mismo año de 1500, Erasmo, con la colaboración de Publio Fausto Andrelini,
escribió sus "Adagios" (fábulas), que son más de 800 refranes y
moralejas de las tradiciones de las antiguas Grecia y Roma, junto con
comentarios sobre su origen y su significado. Algunos de esos refranes
se siguen utilizando en el día de hoy. Erasmo trabajó en los "Adagios"
durante el resto de su vida, hasta tal punto que la colección había
crecido y ya contenía 3400 en 1521, siendo 4500 en el momento de su
muerte. El libro se vendió con éxito y llegó a contar con más de 60
ediciones.
Erasmo empezó a dictar una cátedra como profesor titular de Teología en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, durante el reinado de Enrique VIII, donde haría amistades que le durarían toda la vida: el ya citado John Colet, Tomás Moro, Thomas Linacre y John Fisher,
«hombres de un gran humanismo cristiano y una teología fundada en la
Biblia y en los padres de la Iglesia». Se le ofreció un trabajo
vitalicio en el Queen's College de la Universidad de Cambridge
y es posible que, de desearlo, habría podido pasar el resto de su vida
enseñando Ciencias Sagradas a lo mejor de la realeza y la nobleza
inglesas. Sin embargo, su naturaleza inquieta y viajera y su espíritu
curioso, junto a un incontrolable rechazo a todo lo que significara
rutina, lo hicieron declinar ese cargo y todos los que se le ofrecerían
en adelante.
Viaje a Italia
Entre 1506 y 1509 Erasmo vivió en Italia, la mayor parte del tiempo trabajando en una imprenta. En 1506 recibió el título de Doctor en Teología.
Varias veces más se le ofrecieron trabajos serios y bien pagados,
especialmente como profesor, a lo cual él respondía que prefería no
aceptarlos, porque lo que ganaba en la imprenta, si bien no era mucho,
le resultaba suficiente.
A partir de estas conexiones con universidades y con escritores que
iban a la imprenta, Erasmo comenzó a rodearse de quienes pensaban igual
que él y rechazaban los abusos del clero y de los monjes ignorantes.
La fama de Erasmo se extendió progresivamente por toda Italia, y sus
ideas sobre la elevación intelectual y religiosa empezaron a conocerse y
discutirse; sin embargo, no todos simpatizaban con Erasmo, pues había
quienes rechazaban las ideas que tenía, y estos opositores comenzaron a
criticarlo tanto en público como en privado. Aunque gozaba de la
admiración de los cardenales Giovanni de Medici, futuro papa León X, y Domenico Grimani,
estos «no pudieron convencerle de que fijara su residencia en Roma y
rehusó las ofertas de promociones eclesiásticas» regresando a
Inglaterra.
La lucha contra la disciplina y las instituciones
No
sabemos cuál de las tres instituciones educativas en las que estuvo
internado Erasmo fue la causante del profundo rechazo que sintió toda su
vida hacia el autoritarismo que impedía pensar libremente.[cita requerida] Pudo ser la escuela primaria (de los 8 a los 13 años), el convento agustino (de los 16 a los 22) o la Universidad de París (a mediados de la década de 1490), cuando tenía más de 24 años.
Como resultado de su estancia en alguna de ellas, o en las tres,
Erasmo desarrolló un sentimiento de rechazo frente a la institución y
llegó a la conclusión de que tanto los colegios como las Universidades
y, en general, muchas veces la misma Iglesia, impedían pensar
libremente. Desde entonces se opuso a cualquier tipo de autoridad[cita requerida]
y buscó mayor libertad leyendo a los escritores clásicos griegos y
latinos. Quizá fueran los métodos de disciplina que en las tres escuelas
se aplicaban para "quebrar la voluntad" de los alumnos, lo que lo llevó
a distanciarse de las autoridades. Lo que nadie podía prever era que la
voluntad de Erasmo se resistiría a ser "quebrada" hasta el mismísimo
día de su muerte. Por otra parte, se enfurecía al ver la "disciplina"
que se aplicaba con los niños, mientras los monjes disfrutaban
relajadamente contrariando los propios principios que enseñaban.
En la universidad se dio cuenta de que en vez de enseñarse las nuevas
ideas, se seguía practicando con mucha importancia la discusión
escolástica, reclamando el retorno a las fuentes genuinas, a través de
la aplicación rigurosa del método histórico crítico.
Erasmo decidió pronto que podía hacer algo para revertir la
situación: con las ideas de sus amigos de los monasterios agustinos y
algunas otras ideas de John Colet, comenzó a analizar detenidamente los libros más importantes de las antiguas civilizaciones griega y romana, tratando de modernizar sus contenidos e intentando aplicarlos a la vida
de la sociedad en la que él vivía, intentando extraer lo más
significativo de los mismos, para que cualquier persona pudiera
entenderlas y penetrar en su significado.
Nunca dejó de luchar contra la cárcel espiritual que él observaba en
todas partes, en todas las instituciones educativas, intelectuales,
políticas y sociales de su época. Esto le acarrearía numerosos problemas
a lo largo de su carrera.
Fama y productividad literaria
Al regresar a Inglaterra hacia 1509, Erasmo escribió una de sus obras más famosas, Elogio de la locura
que en poco tiempo alcanzó siete ediciones. La idea era distribuirla
solo en círculos privados, «por sus críticas a los abusos y locuras de
las varias clases de la sociedad, especialmente la Iglesia». Su fama
alcanzaría a ser conocida en toda Europa, de todas partes le llegaría
correspondencia con la intención de verse aconsejados por él.
Fue allí donde quizás alcanzó su mayor productividad literaria. Lo
hizo a una edad ya madura y tardía para lo normal en aquella época,
porque consideraba que quien no sabe escribir bien, siempre se equivoca
al expresarse o transmitir un mensaje.[cita requerida]
Por eso, se preocupó primero de convertirse en un verdadero maestro en
el uso de la prosa en lengua latina. Fue el idioma más claro que
encontró, el más apropiado para transmitir ideas complejas, y el más
útil para transmitir sus ideas a toda Europa.
Monumento a Erasmo en Róterdam.
Hallándose en la ciudad imperial de Basilea, donde se vio obligado a retirarse a causa de la insostenible situación de Lovaina en el Brabante Flamenco, su anterior domicilio como empleado del emperador Carlos V,
Erasmo sintió la calidez del lugar, que lo recibió con hospitalidad y
cordiales atenciones, y una vez más se rodeó de amigos y seguidores que
habían comenzado a creer en él y en sus ideas. Allí se dedicó a la
edición crítica del Nuevo Testamento, hacia 1516. Halló en Juan Froben un impresor y editor competente para su obra, que llamará Novum Instrumentum.
Si se considera que la convicción de Erasmo era educar, para que el
estudiante pudiese dudar de la administración y los asuntos públicos de
la Iglesia y del gobierno, sus aparentes contradicciones desaparecen y
comienza a visualizarse con claridad la enorme coherencia de su obra,
mantenida con firmeza a través de los años y las décadas.
Mientras estudiaba en la Universidad de Bolonia publicó, a los catorce años, Las decretales. Luego viajó por el territorio italiano y más tarde por Francia,
donde también asistió a la universidad. Estudió sobre todo lenguas:
griego, árabe, hebreo y caldeo, con el propósito de entender la Cábala, el Corán, los oráculos caldeos y los diálogos platónicos en sus textos originales.
En 1485, durante su estancia en París, leyó los trabajos de Averroes (1126-1198), el filósofo y teólogo asharí hispanoárabe que introdujo el pensamiento aristotélico
en Occidente. Allí concibió la idea de unificar las tradiciones
culturales sobrevivientes en aquella época. Al año siguiente, ya de
regreso en Italia, con sólo 23 años, raptó en Arezzo a la esposa de
Giuliano Moriotto dei Medici, un pariente pobre de los Medici
florentinos, por lo que fue perseguido, atacado y herido. Luego, hacia
finales del año 1486 publicó en Roma sus Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae, conocidas como Las 900 tesis.
Se trata de novecientas proposiciones recogidas de las más diferentes
fuentes culturales, tanto de filósofos y teólogos latinos como de los
árabes, los peripatéticos y los platónicos. No excluyó tampoco a los
pensadores esotéricos, como Hermes Trimegisto, ni a los libros hebreos. La obra iba precedida de una introducción, que tituló Discurso sobre la dignidad del hombre, texto que se ha convertido en clásico y donde Pico formula tres de los ideales del Renacimiento:
el derecho inalienable a la discrepancia, el respeto por las
diversidades culturales y religiosas y, finalmente, el derecho al
crecimiento y enriquecimiento de la vida a partir de la diferencia.
En cuanto a las tesis, su intención era demostrar que el Cristianismo
era el punto de convergencia de las tradiciones culturales, religiosas,
filosóficas y teológicas más diversas. Su intención era que estas
novecientas conclusiones se discutieran en Roma después de la Epifanía
de 1487 por los doctos de todo el mundo, para entablar una paz
filosófica entre los cultivadores de todas las doctrinas. Un ejemplo es
esta interpretación de la creación basada en el Génesis y el Timeo de Platón:
Cuando Dios terminó la creación del mundo, empieza a contemplar la posibilidad de crear al hombre, cuya función será meditar, admirar y amar la grandeza de la creación de Dios. Pero Dios no encontraba un modelo para hacerlo. Por lo tanto se dirige al primer ejemplar de su criatura, y le dice: "No te he dado una forma, ni una función específica, a ti, Adán. Por tal motivo, tendrás la forma y función que desees. La naturaleza de las demás criaturas la he dado de acuerdo a mi deseo. Pero tú no tendrás límites. Tú definirás tus propias limitaciones de acuerdo con tu libre albedrío. Te colocaré en el centro del universo, de manera que te sea más fácil dominar tus alrededores. No te he hecho mortal, ni inmortal; ni de la tierra, ni del cielo. De tal manera, que podrás transformarte a ti mismo en lo que desees. Podrás descender a la forma más baja de existencia como si fueras una bestia o podrás, en cambio, renacer más allá del juicio de tu propia alma, entre los más altos espíritus, aquellos que son divinos."
Sin embargo trece de esas tesis fueron consideradas "sospechosas de
herejía". El Papa las vinculó con la magia cabalística y prohibió seguir
adelante con el debate. Pico no tuvo mejor idea que escribir una Apología
en la cual defendía esas tesis cuestionadas, lo que los doctores
eclesiásticos consideraron un acto de soberbia y obstinación. Juzgado y
condenado por herejía, Pico fue excomulgado, por lo que huyó a Francia,
donde fue detenido y conducido a la cárcel de Vincennes. El heredero del
trono de Francia, y futuro rey, Carlos VIII, intercedió en su favor y fue liberado. Tiempo después aceptó una invitación de Lorenzo el Magnífico de Medicis (1449-1492), banquero, político y mecenas italiano, y se instaló en Florencia.
Últimos años
En el año 1489 finalizó el Heptaplus, relato místico de la creación del universo, en el que bucea sobre el Génesis
buscando desentrañar sus significados más recónditos. Dos años después,
con veintiocho años de edad, renunció a sus cuantiosos bienes y a su
parte del principado familiar y se entregó a un profundo fervor
religioso. Viajó por toda Italia como mendicante hasta que en 1493, el
papa Alejandro VI
lo absolvió de cualquier imputación de herejía y lo admitió de nuevo en
la Iglesia católica. Pico, sin embargo, no abjuró de ninguna de sus
tesis. Ingresó en la Orden de los Dominicos, cuyos hábitos llegó a
vestir poco antes de su muerte.
Muerte
El 17 de noviembre de 1494 Pico y Poliziano
fueron envenenados en extrañas circunstancias. Se rumoreó que uno de
sus propios secretarios le había envenenado debido a su estrecha
relación con Savonarola.
En 2007, los cuerpos de Pico y de Poliziano fueron exhumados en la
iglesia de San Marcos de Florencia y científicos bajo la tutela de Giorgio Gruppioni, profesor de antropología de Bolonia, usaron tecnología avanzada para determinar la causa de ambas muertes.
En febrero de 2009 anunciaron que los exámenes forenses mostraban que
tanto Poliziano como Pico della Mirandola habían sido asesinados por envenenamiento por arsénico, probablemente por el sucesor de Lorenzo, Pedro II de Médici.
LUIS VIVES
Nació el 6 de marzo de 1492. La familia Vives era importante dentro
del núcleo de comerciantes judíos, religiosos y económicamente
acomodados en la ciudad de Valencia. Para proteger la vida de sus
familiares así como sus propiedades y evitar así mismo el riesgo de ser
expulsados, se vieron obligados a convertirse al cristianismo. Sin
embargo, siguieron practicando el judaísmo en una sinagoga que tenían en su casa y de la que era rabino un primo hermano de Juan Luis, Miguel Vives. Pero la Inquisición
descubrió a Miguel y a su madre en la sinagoga en plena liturgia,
iniciándose así un proceso contra la familia Vives a manos de la
Inquisición.
Estatua de Luis Vives en el pórtico de la Biblioteca Nacional de España.
A los quince años, Juan Luis Vives empezó a estudiar en la Universidad de Valencia, fundada cinco años antes. Acudió a dicho centro desde 1507 hasta 1509 aproximadamente.
El proceso contra su familia continuó y en 1509, su padre, preocupado
por el cariz que tomaba el asunto, decidió enviar a su hijo a estudiar
al extranjero. Así, el otoño de 1509 Vives partió rumbo a París para perfeccionar y ampliar sus conocimientos en la Universidad de la Sorbona, centro de atracción de muchos estudiantes de la Corona de Aragón y en el que enseñaban muchos profesores españoles.
Terminó sus estudios en 1512 alcanzando el grado de doctor y se trasladó a Brujas (Bélgica) donde vivían algunas familias de mercaderes valencianos, entre ellas la de su futura mujer, Margarida Valldaura.
Recibió la noticia de que su padre había sido condenado y quemado por la Inquisición[cita requerida]
en 1526, y su madre Blanca March, muerta en 1508, desenterrada y sus
restos quemados en 1529. Inmerso en una depresión anímica, se trasladó a
Inglaterra después de rechazar una oferta para enseñar en la Universidad de Alcalá de Henares.
Vives no aceptó por miedo a que la Inquisición le persiguiera y porque
tampoco disponía de medios económicos que le permitieran viajar hasta su
destino.
En el verano de 1523, fue elegido lector del Colegio de Corpus
Christi por el cardenal Wolsey, cargo que comportaba también ser
nombrado canciller del rey Enrique VIII de Inglaterra.
Vives veía cumplido así su anhelo de establecerse en una corte, único
lugar en el que un humanista podía desarrollar dignamente su trabajo
investigador de la cultura y enseñar los descubrimientos de sus
estudios. Ahí trabó amistad con Tomás Moro y la reina Catalina de Aragón.
Sin embargo pronto se desanimó, ya que añoraba a sus amigos flamencos y la vida académica de Lovaina, en la que destacaba Erasmo de Rotterdam, y donde tenían lugar las discusiones más apasionantes entre los más destacados humanistas europeos.
Su amistad con la reina Catalina le permitió que el 28 de abril de
1525 se le concediera la licencia para importar vino y lana hasta Inglaterra y exportar trigo al continente. Con los beneficios de este comercio y la pensión real su situación económica mejoró.
Desde mayo de 1526 hasta abril de 1527 residió de nuevo en Brujas,
lugar en el que se enteró de la condena a muerte de su amigo Tomás Moro
por oponerse al divorcio del rey. Catalina llamó a Vives para que
enseñara latín a su hija, María Tudor.
Vives realizó en Brujas su obra "Tratado del socorro de los pobres",
en la que analizaba y sistematizaba la organización de ayuda a los
pobres y cómo debía hacerse. Por ello se considera a Vives la primera
persona en Europa en llevar a la práctica un "servicio organizado de
asistencia social" mediante su tratado. Fue por tanto el precursor de la
organización futura de los servicios sociales en Europa, y por tanto,
uno de los precursores de la intervención del Estado organizada y
asistencial a los necesitados.
Para intentar ayudar a la reina, Vives escribió al emperador Carlos, enemigo del rey, y al papa Clemente VII,
pero sus notas fueron interceptadas por el cardenal Wolsey. Viendo que
sus esfuerzos eran inútiles y que el rey jamás renunciaría al divorcio,
intentó convencer a la reina para que lo aceptara. Esta estrategia
desagradó tanto a Enrique como a Catalina; le fue retirada la pensión
real y tuvo que abandonar Inglaterra.
Buscó entonces protección en Carlos V, a quien dedicó su tratado De concordia et discordia in humano genere y otro al inquisidor general de España que tituló De pacificatione. Le fue concedida una renta anual de 150 ducados que representaba la mitad de sus gastos; sin embargo, jamás consiguió el beneficio eclesiástico solicitado.
Los últimos años de su vida los dedicó a perfeccionar la cultura
humanística de los duques de Mencía. Se convirtió en un reformador de la
educación europea y en un filósofo moralista de talla universal,
proponiendo el estudio de las obras de Aristóteles
en su lengua original y adaptando sus libros destinados al estudio del
latín a los estudiantes; sustituyó los textos medievales por otros
nuevos, con un vocabulario adaptado a su época y al modo de hablar del
momento. Su libro destinado a la enseñanza del latín se editó en 65
ocasiones entre 1538 y 1649. Propuso también la reforma de la Sorbona,
depurando su educación filosófica, dotando de una gran calidad a su
educación.
En 1529 su salud era ya muy delicada: padecía de dolores de cabeza y una úlcera estomacal. La artritis
degeneró en fuertes dolores y el 6 de mayo de 1540 moría en su casa de
Brujas a causa de un cálculo biliar. Fue enterrado en la iglesia de San
Donaciano.
Obras
Sus Obras completas han sido traducidas al español por Lorenzo Riber (dos vols, Madrid, Aguilar, 1948). Cabría destacar las siguientes:
- Opuscula varia (Lovanii, 1519): colección de opúsculos donde encontramos la que fue su primera obra de carácter filosófico De initiis, sectis et laudibus philosophiae.
- Adversus pseudodialecticos (Selestadii, 1520): presenta la lectura de los clásicos, como humanista que es, como medio para adquirir agilidad mental.
- De subventione pauperum. Sive de humanis necessitatibus libri II (Brugis, 1526): trata el problema de la mendicidad buscando soluciones en las instituciones públicas, que deben socorrer a los verdaderos pobres y hacer trabajar a los que sólo son vagos; para ello es preciso una organización de la beneficencia y una reforma del sistema sanitario, de asilo...Siendo un plan de actuación contra la pobreza en la ciudad de Brujas.
- De Europae dissidis et Republica (Brugis, 1526).
- De concordia et discordia in humano genere (Antuerpiae, 1529).
- De pacificatione (Antuerpiae, 1529).
- Quam misera esset vita christianorum sub Turca (Antuerpiae, 1529).
- De disciplinis libri XX (Antuerpiae, 1531): es una obra enciclopédica, en la que se encierra su obra pedagógica, y que está dividida en tres partes: De causis corruptarum artium, De tradendis disciplinis, y De artibus. Esta última contiene a su vez : De prima philosophia, De explanatione cuiusque essentiae, De censura veri, De instrumento probabilitatis, De disputatione.
- De anima et vita (Basileae, 1538): es su obra de madurez y en ella el autor desarrolla conceptos de psicología.
- Lingvae latina exercitatio, son Diálogos sobre la educación dedicados al príncipe que después sería Felipe II, y cuya intención es instruir en la lengua latina al mismo tiempo que introduce amenas cuestiones sobre moral y conducta social y evoca sus recuerdos infantiles.
- De Europeae statu ac tumultibus. Se dirige al Papa para exigir su mediación a favor de la paz entre los príncipes cristianos, en la misma línea que la Querella de la paz de su amigo Erasmo.
- Introductio ad sapientiam (Lovanii, 1524), es la más importante de sus obras pedagógicas.
- De institutione feminae christianae, traducida al castellano en Valencia en 1528, un tratado sobre la educación de la mujer cristiana. Renacimiento es el nombre dado a un amplio movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental durante los siglos xv y xvi. Fue un período de transición entre la Edad Media y los inicios de la Edad Moderna. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes, aunque también se produjo una renovación en las ciencias, tanto naturales como humanas. La ciudad de Florencia, en Italia,
fue el lugar de nacimiento y desarrollo de este movimiento, que se
extendió después por toda Europa. El Renacimiento fue fruto de la
difusión de las ideas del humanismo,
que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. El
término «renacimiento» se utilizó reivindicando ciertos elementos de la cultura clásica griega y romana,
y se aplicó originariamente como una vuelta a los valores de la cultura
grecolatina y a la contemplación libre de la naturaleza tras siglos de
predominio de un tipo de mentalidad más rígida y dogmática
establecida en la Europa medieval. En esta nueva etapa se planteó una
nueva forma de ver el mundo y al ser humano, con nuevos enfoques en los
campos de las artes, la política, la filosofía y las ciencias, sustituyendo el teocentrismo medieval por el antropocentrismo.
En ese sentido, el historiador y artista Giorgio Vasari formuló una idea determinante: el nuevo nacimiento del arte antiguo (Rinascita), que presuponía una marcada conciencia histórica individual, fenómeno completamente nuevo. De hecho, el Renacimiento rompió, conscientemente, con la tradición artística medieval, a la que calificó como un estilo de bárbaros, que más tarde recibirá el calificativo de Gótico. Sin embargo, los cambios tanto estéticos como en cuanto a la mentalidad fueron lentos y graduales. El concepto actual de renacimiento será formulado tal y como hoy lo entendemos en el siglo xix por el historiador Jules Michelet.
Desde una perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significó una «ruptura» con la unidad estilística que hasta ese momento había sido «supranacional». El Renacimiento no fue un fenómeno unitario desde los puntos de vista cronológico y geográfico: su ámbito se limitó a la cultura europea y a los territorios americanos recién descubiertos, a los que las novedades renacentistas llegaron tardíamente. Su desarrollo coincidió con el inicio de la Edad Moderna, marcada por la consolidación de los estados europeos, los viajes transoceánicos que pusieron en contacto a Europa y América, la descomposición del feudalismo, el ascenso de la burguesía y la afirmación del capitalismo. Sin embargo, muchos de estos fenómenos rebasan por su magnitud y mayor extensión en el tiempo el ámbito renacentista. Los Médici o Médicis (pron. esp. médichi,-is) fueron una poderosa e influyente familia del Renacimiento en Florencia entre cuyos miembros se destacaron tres papas, León X, Clemente VII, y León XI; dos reinas de Francia Catalina de Médici y María de Médici; además de numerosos dirigentes florentinos, miembros de las casas reales de Francia e Inglaterra y que sobresalieron por ser mecenas, patrocinando artistas y científicos de su época.
De origen modesto —la raíz del apellido es incierta, reflejando posiblemente la profesión de “médico”—, el poderío inicial de la familia surgió de la banca. La Banca Médici fue uno de los bancos más prósperos y respetados en Europa. Con esta base, adquirieron poder político inicialmente en Florencia, donde aparecieron ocupando el cargo de gonfaloniero o jefe de la ciudad desde el siglo XIV (Salvestro di Médici fue gonfaloniero en 1378). Su poder e influencia se extendió luego en toda Italia y el resto del continente europeo.
Juan de Médici, primer banquero de la familia, comenzó la influencia del linaje sobre el gobierno florentino, pero los Médici se convirtieron en cabeza oficiosa de la república en 1434, cuando su hijo mayor Cosme de Médici tomó entre sus títulos el de Pater Patriae y el de «Gran Maestro». La rama principal de la familia —formada por sus descendientes— rigió los destinos de Florencia hasta el asesinato de Alejandro de Médici, primer duque de Florencia, en 1537.
El poder pasó luego a la rama menor de los Médici —a los descendientes de Lorenzo el Viejo— hijo menor de Juan de Médici, comenzando con su tataranieto, Cosme I de Médici, II duque de Florencia (1537-1569) y I Gran Duque de Toscana (1569–1574). En el duque Cosme I se unen las dos ramas familiares ya que es hijo de Juan de las Bandas Negras de la rama Popolana y de María Salviati nieta de Lorenzo de Médici.
La escalada de los Médici al poder fue relatada en detalle en la crónica de Benedetto Dei.
"El dinero para conseguir el poder, y el poder para guardar el dinero."
Lema de la Casa de MédiciArte y arquitectura
Los Médici fueron uno de los linajes de mecenas más importantes de Italia y de Europa. Los logros más significativos de la familia fueron en el campo del arte y de la arquitectura, tanto que los talentos que ellos emplearon son hoy las referencias principales.
Juan di Bicci de Médici, el primer mecenas —patrocinador financiero de arte— de la familia, ayudó a Masaccio, y ordenó la reconstrucción de la basílica de San Lorenzo de Florencia.
Cosme de Médici patrocinó a notables artistas como Donatello y Fra Angelico. Pero su mayor patrocinio fue a Brunelleschi para realizar la obra más importante de la época, la cúpula de la catedral de Santa María del Fiore.
Bajo el mecenazgo de Lorenzo de Médici trabajaron artistas como Sandro Botticelli, Andrea Verrocchio, Domenico Ghirlandaio y Leonardo Da Vinci. También patrocinó y apoyó a poetas y humanistas de la talla de Marsilio Ficino, Cristoforo Landino, Angelo Poliziano y Giovanni Pico della Mirandola, todos ellos miembros de la Academia Platónica Florentina fundada por Cosme de Médici.
Pero la principal “adquisición” de los Médici a través de la historia fue Miguel Ángel, un arquitecto, escultor y pintor —considerado uno de los mejores en los tres campos—, quien produjo una serie de obras para distintos miembros de la familia, comenzando con Lorenzo el Magnífico. Además de contratistas de obras de arquitectura y mecenas artísticos, los Médici fueron prolíficos coleccionistas, reuniendo multitud de obras que hoy forman la colección central de la Galería Uffizi en Florencia.
En arquitectura, los Médici son responsables de varios edificios notables en Florencia, incluyendo la Galería Uffizi, el Palacio Pitti, los Jardines de Boboli, el Belvedere, y el Palacio Medici.
- Juan di Bicci de Médici comisionó personalmente a Brunelleschi para reconstruir la Iglesia de San Lorenzo en 1419.
- Cosme el Grande también encargó a Brunelleschi finalizar la cúpula de Santa María del Fiore. Finalizada en 1436, era la cúpula más grande de su época.
- Leonor Álvarez de Toledo, esposa de Cosme I, compró el Palacio Pitti a Buonaccorso Pitti en 1550.
- Cosme I apadrinó a Vasari, que construyó la Galería Uffizi en 1560.
- María de Médici, viuda de Enrique IV de Francia y III de Navarra y madre de Luis XIII de Francia, fue usada como modelo por Peter Paul Rubens en 1622, para la pintura al óleo María de Médici, reina de Francia, llegando a Marsella.
- Galileo Galilei fue protegido por Cosme II de Médici y por su hijo Fernando II de Médici
Lorenzo el Magnífico visita a Fernando de Aragón en Nápoles, pintura del Palazzo Vecchio en Florencia.
Miembros notables
- Salvestro Médici (1331–1388), lideró el asalto contra la revuelta de los ciompi —revuelta de los trabajadores humildes de la industria textil contra las grandes textileras—, convirtiéndose en dictador de Florencia, hasta su expulsión en 1382.
- Juan di Bicci de Médici (1360–1429), restauró la fortuna familiar, convirtiéndola en la más rica de Europa.
- Cosme de Médici, apodado “el Viejo” (1389–1464), fundador de la dinastía política familiar.
- Lorenzo de Médici, apodado “Lorenzo el Magnífico” (1449–1492), dirigente de Florencia durante la edad de oro del Renacimiento.
- León X, Juan de Médici (1475–1521), papa.
- Clemente VII, Julio de Médici (1478–1534), papa.
- Cosme I de Médici (1519–1574), primer gran duque de Toscana, restauró el brillo familiar.
- Catalina de Médici (1519–1589), reina de Francia.
- León XI, Alejandro Octaviano de Médici (1535–1605), papa.
- María de Médici (1573–1642), reina y regente de Francia.
- Ana María Luisa de Médici (1667–1743), la última de la línea familiar.
LEONARDO DA VINCI
Biografía
Infancia
Nació el sábado 15 de abril de 1452 «en la tercera hora de la noche», es decir, tres horas después del Ave María: a las diez y media. Se ha discutido si el nacimiento tuvo lugar en el castillo de Vinci, ciudad a unos 25 km en línea recta de Florencia, o bien en la casa materna de Anchiano, una pedanía a unos dos kilómetros de Vinci. Leonardo, descendiente de una rica familia de nobles italianos, fue hijo ilegítimo: su padre, messer Piero Fruosino di Antonio —un notario, canciller y embajador de la República de Florencia—, dejó embarazada a Caterina, una humilde joven de familia campesina, de quien se ha sospechado que pudiera ser una esclava de Oriente Medio.10 Últimamente, Martin Kemp, profesor emérito de Historia del Arte en la Universidad de Oxford, tras investigar en los archivos toscanos, descubrió documentos que confirmarían la fecha del nacimiento y que tuvo lugar en la casa de campo paterna, a poco más de un kilómetro de Vinci, siendo su madre una campesina local de quince años, Caterina di Meo Lippi. Piero ya estaba prometido en matrimonio y el niño fue entregado al abuelo paterno, Antonio da Vinci que, probablemente, entregó una cierta cantidad a la madre como dote para que pudiera casarse. En declaraciones de impuestos de 1457 Antonio declaró que su nieto vivía con él y Caterina aparece casada con un campesino, Antonio di Piero Buti, con quien tuvo cinco hijos.Leonardo da Vinci.
Leonardo, o Lionardo según su nombre de bautizo, fue bautizado y pasó sus cinco primeros años en la casa de su padre en Vinci, donde fue tratado como un hijo legítimo. Tuvo cinco madrinas y cinco padrinos, todos ellos habitantes del pueblo. En este lugar, Leonardo recibió instrucción, aprendió a leer y a escribir, y adquirió conocimientos de aritmética. Sin embargo, prácticamente no aprendió latín, base de la enseñanza tradicional. El hecho de que tuviese una ortografía caótica muestra que su instrucción no estuvo exenta de lagunas; en todo caso no fue la de un universitario.
En aquella época, las convenciones modernas en los nombres de personas no se habían desarrollado todavía en Europa, por lo que únicamente las grandes familias hacían uso del apellido patronímico. La gente del pueblo solía ser designada por su nombre, al que se le adjuntan todo tipo de precisiones útiles: el nombre del padre, el lugar de origen, un apodo, el nombre del maestro en el caso de los artesanos, etc. Por consiguiente, el nombre del artista fue «Leonardo di ser Piero Da Vinci», cuyo significado es «Leonardo, hijo del maestro Piero De Vinci»; sin embargo, el término «Da» lleva una mayúscula para denotar que se trata de un apellido. El propio Leonardo firmaba simplemente sus obras como «Leonardo» o «Io, Leonardo» («Yo, Leonardo»), así que la mayoría de las autoridades atribuyen sus obras a «Leonardo» sin el «da Vinci». Es verosímil que se abstuviera de emplear el apellido de su padre porque era un hijo ilegítimo. «Vinci» proviene de «vinchi», denominación que reciben unas plantas similares a los juncos, que crecen en el entorno del arroyo Vincio y que eran utilizadas por los artesanos toscanos.
En 1457, cuando Leonardo tenía cinco años, su madre se casó con Antonio di Piero Buti del Vacca da Vinci, un campesino de la localidad, con el que tuvo cinco hijos. Fue acogido entonces en la casa de la familia de su padre en el pueblo de Vinci. Entre tanto, el padre se había casado con una joven de dieciséis años proveniente de una familia rica de Florencia, Albiera degli Amadori. Esta, al no tener hijos, volcó su afecto en Leonardo, pero murió siendo muy joven debido a complicaciones de parto, en 1464. Aunque era considerado plenamente desde su nacimiento como hijo de su padre, Leonardo nunca fue reconocido formalmente como un hijo legítimo. Su padre se casó hasta cuatro veces, dándole diez hermanos y dos hermanas menores legítimos. De estas relaciones, el pequeño Leonardo tuvo un muy buen vínculo con la última mujer de su padre, Lucrezia Guglielmo Cortigiani, afecto que se evidencia en una nota en donde se dirige a ella como «querida y dulce madre».
Su abuela paterna, Lucia di ser Piero di Zoso, una ceramista próxima a Leonardo, fue probablemente la persona que le inició en las artes. Un conocido presagio refiere que un milano venido del cielo había hecho un vuelo estacionario sobre su cuna, tocando su cara con la cola. Giorgio Vasari, biógrafo del siglo XVI de los pintores del Renacimiento, cuenta en Le Vite (1568), la historia de un campesino local que pidió a ser Piero que su talentoso hijo le pintara una imagen sobre una placa. Leonardo pintó entonces una representación de un dragón escupiendo fuego, tan bien realizada que ser Piero la vendió a un mercader de arte florentino, quien a su vez la revendió al duque de Milán. Tras haberse así beneficiado con la venta, ser Piero compró una placa decorada con un corazón atravesado por una flecha, la cual entregó al campesino.
Formación en el taller de Verrocchio
El joven Leonardo era un amante de la naturaleza, que observaba con gran curiosidad. Dibujaba caricaturas y practicaba la escritura especular en dialecto toscano. Giorgio Vasari cuenta una anécdota sobre los primeros pasos en la carrera artística del gran artista: «un día, ser Piero tomó algunos de sus dibujos y se los mostró a su amigo Andrea del Verrocchio y le pidió insistentemente que le dijera si Leonardo se podría dedicar al arte del dibujo y si podría conseguir algo en esta materia. Andrea se sorprendió mucho de los extraordinarios dones de Leonardo y le recomendó a ser Piero que le dejara escoger este oficio, de manera que ser Piero resolvió que Leonardo entraría a trabajar en el taller de Andrea. Leonardo no se hizo rogar; y, no contento con ejercer este oficio, realizó todo lo que se relacionaba con el arte del dibujo». Fue así como, a partir de 1469, Leonardo entró como aprendiz a uno de los talleres de arte más prestigiosos bajo el magisterio de Andrea del Verrocchio, a quien debe parte de su excelente formación multidisciplinaria, en la que se aproxima a otros artistas como Sandro Botticelli, Perugino y Domenico Ghirlandaio. En efecto, a finales de 1468, aunque Leonardo estaba empadronado como residente del municipio de Vinci, viajaba muy a menudo a Florencia, donde su padre trabajaba.Bautismo de Jesús. Óleo sobre madera de Verrochio (1470-1480). Leonardo trabajó de manera particular en los ángeles del lado izquierdo.
Verrocchio era un artista de renombre, y muy ecléctico. De formación era orfebre y herrero, pero además fue pintor, escultor y fundidor. Trabajó sobre todo para el poderoso Lorenzo de Médici. Leonardo trabajó también con Antonio Pollaiuolo, que tenía su taller muy cerca del de Verrocchio.
Después de un año dedicado a la limpieza de los pinceles y otras pequeñas actividades propias de un aprendiz, Verrocchio inició a Leonardo en las numerosas técnicas que se practicaban en un taller tradicional. Así, en este contexto, Leonardo tuvo la oportunidad de aprender las bases de la química, de la metalurgia, del trabajo del cuero y del yeso, de la mecánica y de la carpintería, así como de diversas técnicas artísticas como el dibujo, la pintura y la escultura sobre mármol y bronce. Igualmente, recibió formación en habilidades como la preparación de los colores, el grabado y la pintura de los frescos. Al darse cuenta del talento excepcional que tenía Leonardo, Verrocchio decidió confiarle a su alumno terminar algunos de sus trabajos.
La formación recibida durante su aprendizaje en el taller de Verrochio va más allá y se extiende a otros ámbitos culturales. Estudió cálculo algorítmico y mostró el buen conocimiento que tenía citando a los dos abaquistas florentinos más relevantes, Paolo dal Pozzo Toscanelli y Leonardoo Chernionese. Posteriormente, Leonardo mencionó la Nobel opera de arithmética de Piero Borgi, impresa en Venecia en 1484, y que representa perfectamente el saber de estas escuelas de abaquistas.Paisaje del valle del Arno. Este dibujo a pluma, el más antiguo que se conserva de Leonardo, está fechado de su puño y letra empleando escritura especular: «El día de Nuestra Señora de las Nieves, 5 de agosto de 1473». Se ha identificado la comarca reproducida en él como una región montañosa próxima a Vinci. Al dorso aparece la anotación «Estoy satisfecho [...]» Galería Uffizi, Florencia.
No se conoce la existencia de ninguna obra de Leonardo durante la época en que trabajó con Verrocchio. Según Vasari, únicamente colaboró en una pintura llamada Bautismo de Cristo (1472-1475). Por otra parte, según la leyenda, Verrocchio abandonó la terminación de la obra cuando se sintió superado por la calidad del joven Leonardo, que dejó su toque magistral en un pequeño ángel presente en la obra. También, de acuerdo con la tradición de que era el aprendiz quien debía posar, Leonardo habría servido de modelo para el David de Verrocchio, una estatua en bronce. Del mismo modo, también se supone que es el retrato de Leonardo el que representa al arcángel Rafael en la obra Tobías y el ángel del taller de Verrocchio.
En 1472, a la edad de veinte años, apareció registrado en el Libro rojo del Gremio de San Lucas, el gremio de los artistas y doctores en medicina, que en Florencia se agrupaba con la denominación de la "Campagnia de pittori". De esta época deriva uno de sus primeros trabajos conocidos, el Paisaje del valle del Arno o Paisaje de Santa Maria della neve (1473), un dibujo hecho con pluma y tinta. Fue así como comenzó su carrera de pintor con obras ya destacables como La Anunciación (1472-1475), y mejoró la técnica del sfumato hasta un punto de refinamiento nunca conseguido antes de él.
En el año 1476, siempre aparece mencionado como ayudante de Verrocchio, ya que, incluso después de que su padre le ayudase a tener su propio taller, él continuó colaborando con Verrocchio debido a que le profesaba un gran afecto. Durante este período, recibió encargos personales y pintó su primer cuadro, La Virgen del clavel (1476). El archivo judicial de este mismo año recoge el dato de que él y tres hombres más fueron acusados en un caso de sodomía, práctica que en aquella época en Florencia era ilegal, pero todos fueron absueltos. Este documento, que partía de una acusación anónima, no permite afirmar categóricamente que Leonardo fuera homosexual.
Pronto Leonardo también destacó como ingeniero. En 1478, se ofreció para levantar la iglesia octagonal de San Juan de Florencia. En ese año Leonardo contaba con 26 años, y fue cuando se alejó de lado de su maestro después de haberlo superado brillantemente en todas las disciplinas. De esta manera se convirtió en un maestro pintor independiente.
Nicolás Copérnico (en polaco, Mikołaj Kopernik; en latín, Nicolaus Copernicus; en alemán, Niklas Koppernigk; Toruń, Prusia, Polonia, 19 de febrero de 1473 - Frombork, Prusia, Polonia, 24 de mayo de 1543) fue un astrónomo polaco del Renacimiento que formuló la teoría heliocéntrica del sistema solar, concebida en primera instancia por Aristarco de Samos. Su libro De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes) suele ser considerado como el punto inicial o fundador de la astronomía moderna, además de ser una pieza clave en lo que se llamó la Revolución científica en la época del Renacimiento. Copérnico pasó cerca de veinticinco años trabajando en el desarrollo de su modelo heliocéntrico del universo. En aquella época resultó difícil que los científicos lo aceptaran, ya que suponía una auténtica revolución.
Copérnico era matemático, astrónomo, jurista, físico, clérigo católico, gobernador, diplomático y economista. Junto con sus extensas responsabilidades, la astronomía figuraba como poco más que una distracción. Por su enorme contribución a la astronomía, en 1935 se dio el nombre «Copernicus» a uno de los mayores cráteres lunares, ubicado en el Mare Insularum.
El modelo heliocéntrico es considerado una de las teorías más importantes en la historia de la ciencia occidental.
Copérnico no publicó su obra en la que defendía el heliocentrismo hasta 1543, año de su fallecimiento; sin embargo, sus libros serían incluidos en el Index librorum prohibitorum, muchos años después de su muerte, con el caso Galileo.
NICOLAS COPERNICO
Vida y obra
Este famoso científico polaco-prusiano estudió en la Universidad de Cracovia (1491-1494) probablemente bajo las directrices del matemático Wojciech Brudzewski. Viajó por Italia y se inscribió en la Universidad de Bolonia (1496-1499), donde estudió Derecho, Medicina, Griego, Filosofía, y trabajó como asistente del astrónomo Domenico da Novara.
En 1500 fue a Roma, donde tomó un curso de ciencias y astronomía, y en 1501 volvió a su patria y fue nombrado canónigo en la catedral de Frauenburg, cargo obtenido merced a la ayuda de su tío Lucas Watzenrode.
Pese a su cargo, volvió a Italia, esta vez a Padua (1501-1507), para estudiar Derecho y Medicina, haciendo una breve estancia en Ferrara (1503), donde obtuvo el grado de doctor en Derecho Canónico.
Reinstalado definitivamente en su país (1523), se dedicó a la administración de la diócesis de Warmia, ejerció la Medicina, ocupó ciertos cargos administrativos y llevó a cabo su inmenso y primordial trabajo en el campo de la Astronomía.
Falleció el 24 de mayo de 1543 en Frombork, Polonia. En 2005 un equipo de arqueólogos polacos afirmó haber hallado sus restos en la catedral de Frombork, teoría que fue verificada en 2008 al analizar un diente y parte del cráneo y compararlo con un pelo suyo encontrado en uno de sus manuscritos A partir del cráneo, expertos policiales, reconstruyeron su rostro, coincidiendo este con el de su retrato.
El 22 de mayo de 2010 recibió un segundo funeral en una misa dirigida por Józef Kowalczyk, nuncio papal en Polonia y recién nombrado Primado de Polonia. Sus restos fueron de vuelta enterrados en el mismo lugar, en la Catedral de Frombork. Una lápida de granito negro ahora lo identifica como el fundador de la teoría heliocéntrica y lleva además la representación del modelo de Copérnico del sistema solar, un sol dorado rodeado por seis de los planetas.
Modelo heliocéntrico
En 1533, Johann Albrecht Widmannstetter envió a Roma una serie de cartas resumiendo la teoría de Copérnico. Estas fueron oídas con gran interés por el papa Clemente VII y varios cardenales católicos.
Para 1536, el trabajo de Copérnico estaba cercano a su forma definitiva, y habían llegado rumores acerca de su teoría a oídos de toda Europa. Copérnico fue urgido a publicar desde diferentes partes del continente.
En una epístola fechada en noviembre de 1536, el arzobispo de Capua, el cardenal Nikolaus von Schönberg, pidió a Copérnico comunicar más ampliamente sus ideas y solicitó una copia para sí. Algunos han sugerido que esta carta pudo haber hecho a Copérnico sospechoso al publicar, mientras que otros han sugerido que esto indicaba el deseo de la Iglesia de asegurarse que sus ideas fueran publicadas.[cita requerida]
A pesar de la presión ejercida por parte de diversos grupos, Copérnico retrasó la publicación de su libro, tal vez por miedo a la crítica. Algunos historiadores consideran que, de ser así, estaba más preocupado por el impacto en el mundo científico que en el religioso.
Las ideas principales de su teoría eran:
- Los movimientos celestes son uniformes, eternos, y circulares o compuestos de diversos ciclos (epiciclos).
- El centro del universo se encuentra cerca del Sol.
- Orbitando alrededor del Sol, en orden, se encuentran Mercurio, Venus, la Tierra, la Luna, Marte, Júpiter y Saturno (aún no se conocían Urano y Neptuno.)
- Las estrellas son objetos distantes que permanecen fijos y por lo tanto no orbitan alrededor del Sol.
- La Tierra tiene tres movimientos: la rotación diaria, la revolución anual, y la inclinación anual de su eje.
- El movimiento retrógrado de los planetas es explicado por el movimiento de la Tierra.
- La distancia de la Tierra al Sol es pequeña comparada con la distancia a las estrellas.
De revolutionibus orbium coelestium
Su obra maestra, De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), fue escrita a lo largo de unos veinticinco años de trabajo (1507-1532) y fue publicada póstumamente en 1543 por Andreas Osiander, pero muchas de las ideas básicas y de las observaciones que contiene circularon a través de un opúsculo titulado De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (no editado hasta 1878), que, pese a su brevedad, es de una gran precisión y claridad.
El sistema copernicano (De revolutionibus orbium coelestium).
Copérnico estudió los escritos de los filósofos griegos buscando
referencias al problema del movimiento terrestre, especialmente los pitagóricos y Heráclides Póntico,
quienes creían en dicha teoría. En cuanto a la teoría heliocéntrica en
sí, hasta donde se sabe hoy, fue concebida por primera vez por Aristarco de Samos (310-230 a. C.), a quien curiosamente no nombra en su obra. Es preciso centrar el valor real de sus estudios en el hecho de
reimponer teorías ya rechazadas por el «sentido común» y de darles una
estructuración coherente y científica.
La ruptura básica que representaba para la ideología religiosa
medieval, la sustitución de un cosmos cerrado y jerarquizado, con el
hombre como centro, por un universo homogéneo e indeterminado (y a la
postre incluso infinito), situado alrededor del Sol,
hizo dudar a Copérnico de publicar su obra, siendo consciente de que
aquello le podía acarrear problemas con la Iglesia; por desgracia, a
causa de una enfermedad que le produjo la muerte, no alcanzó a verla
publicada. Copérnico aún estaba trabajando en el De revolutionibus orbium coelestium (aunque aún no convencido de querer publicarlo) cuando en 1539 Georg Joachim Rheticus, un matemático de Wittenberg, llegó a Frombork. Philipp Melanchthon
había arreglado para Rheticus su visita a diversos astrónomos y el
estudio con ellos. Rheticus se convirtió en pupilo de Copérnico,
conviviendo con él durante dos años. Rheticus leyó el manuscrito de
Copérnico y de inmediato escribió un resumen no técnico de sus
principales teorías en la forma de una carta abierta dirigida a Schöner,
su profesor de astrología en Núremberg, y más tarde publicó esta carta en forma de libro titulado Narratio Prima (primera descripción), en Dánzig en 1540. El amigo de Rheticus y mentor, Gasser Aquiles, publicó una segunda edición de la Narratio
en Basilea en 1541. En 1542 Rheticus publicó un tratado de
trigonometría escrito por Copérnico (incluido después en el segundo
libro de De revolutionibus). Bajo gran presión por parte de
Rheticus, y habiendo visto la reacción favorable del público frente a su
trabajo, Copérnico finalmente accedió entregar el libro a su amigo
cercano Tiedemann Giese, obispo de Chełmno (Kulm), para ser entregado a Rheticus, y ser impreso por Johannes Petreius en Núremberg. La primera edición del De Revolutionibus aparece en 1543 (el mismo año de la muerte del autor), con una larga introducción en la que dedica la obra al papa Pablo III,
atribuyendo su motivo ostensible para escribirla a la incapacidad de
los astrónomos previos para alcanzar un acuerdo en una teoría adecuada
de los planetas y haciendo notar que si su sistema incrementaba la
exactitud de las predicciones astronómicas, esto permitiría que la
Iglesia desarrollara un calendario más exacto (un tema por entonces de
gran interés y una de las razones para financiar la astronomía por parte
de la Iglesia).
El trabajo en sí estaba dividido en seis libros:
- Visión general de la teoría heliocéntrica, y una explicación corta de su concepción del mundo.
- Básicamente teórico, presenta los principios de la astronomía esférica y una lista de las estrellas (como base para los argumentos desarrollados en libros siguientes).
- Dedicado principalmente a los movimientos aparentes del Sol y a fenómenos relacionados.
- Descripción de la Luna y sus movimientos orbitales.
- Explicación concreta del nuevo sistema.
- Explicación concreta del nuevo sistema (continuación).
Significado de la obra
Estatua de Nicolás Copérnico frente al Planetario Adler, Chicago, Estados Unidos.
La importancia de la obra de Copérnico es ser una obra
revolucionaria, precursora de grandes cambios científicos. Dicho
carácter revolucionario no está solo en sus escritos sino en poner en
marcha unos caminos que romperán las barreras del pensamiento. No
debemos olvidar que la obra de Copérnico sigue ligada al Mundo Antiguo,
ya que ciertas premisas platónicas siguen vigentes en su pensamiento
como los dos grandes principios de uniformidad y circularidad. Sin
embargo, con su obra se afianza otra gran idea propia de la modernidad:
la naturaleza va perdiendo su carácter teológico, el hombre ya no es el
centro del universo, sino que Copérnico lo desplaza a una posición
móvil, como la de cualquier otro planeta.
A partir de Copérnico se desencadena la idea de que el hombre ahora
está gobernado por su Razón, que será la facultad del ser humano que
hace que tome parte en el ordenamiento del Universo. Así el hombre pasa a
ser un ser autónomo que basa dicha autonomía en su capacidad de
raciocinio. La razón humana puede ahora apoderarse de la Naturaleza:
dominarla y controlarla. Así el hombre deja de ser el centro físico del
Universo para convertirse en el centro racional del Universo. A partir
de ahora nos enfrentamos al mundo, no contemplándolo, sino construyendo
hipótesis a través de las capacidades del hombre, que contrastadas con
la naturaleza se podrán dar por válidas o no.
En este caso particular, Copérnico tuvo en contra al cristianismo de
la época que hizo suyos los presupuestos aristotélicos del mundo
antiguo. Aristóteles
escribió de teoría literaria, política, ética, metafísica, lógica,
meteorología, física, biología, astronomía… y todo ello integrado
coherentemente, lo que hacía muy difícil atacar una parte sin atacar al
todo. A la vez, permitía, por esa misma razón, dejar de lado pequeñas
dificultades que pudieran surgir en aspectos parciales. Esa es la razón
fundamental de su permanencia como visión del mundo a lo largo de dos
mil años. Si además se añade que, tras su descubrimiento por parte del
mundo medieval, este sistema fue cristianizado y asumido por la Iglesia
católica a través de la obra de santo Tomás de Aquino,
comprenderemos mejor la resistencia que opuso a su superación y hasta
qué punto determinó, no solo la historia de la astronomía, sino de la
ciencia y de la cultura.
La difusión de la teoría copernicana se lleva a cabo sobre un fondo
político e histórico, en el que es de importancia fundamental el
problema religioso existente desde 1517 con la irrupción en escena del luteranismo. En 1545 se inició el Concilio de Trento,
que después de tres sesiones, con su final en 1563, deja establecida la
reforma radical de la Iglesia e impone un programa de recuperación y
defensa del dogma frente al mundo reformista. Pío V y Gregorio XIII,
entre 1566 y 1585 culminarán el proceso de recuperación de la Iglesia
católica en la segunda mitad del siglo XVI, solventado los problemas de
disensión interna y de jerarquía. Difunden la enseñanza eclesiástica y
recuperan importancia e influencia en los países en los que la creencia
protestante se había hecho fuerte. Pero los sucesos acaecidos en los
cielos a finales del siglo XVI y las observaciones que Copérnico hizo de
estos, minaron ciertamente la autoridad y credibilidad de la filosofía
que sustentaba la astronomía ptolemaica.
La Iglesia protestante paulatinamente se rinde ante la situación y su
oposición al heliocentrismo desaparece. Se da un vuelco en la situación.
A partir del final de siglo será la Iglesia católica la que, utilizando
su poder organizado en la Inquisición, convertirá al heliocentrismo en el enemigo más inmediato.
La obra de Copérnico y los cambios que propone se proyectan sobre el
estado anterior de la astronomía y sobre el entramado científico y
filosófico que con él se asociaban. En el texto que ahora comentamos, el
autor hace un breve repaso por todas aquellas partes de la astronomía
anterior a él que quedan obsoletas a partir de sus descubrimientos: la
inseguridad sobre los movimientos del Sol y la Luna (ya que sus
movimientos anuales no se podían establecer con seguridad), la
explicación del movimiento de los planetas tampoco resultaba aceptable
ya que no se utilizaban los mismos supuestos para todos (puesto que en
unos casos se utilizan círculos homocéntricos, en otros excéntricos, epiciclos,
etc.), y sobre todo, que el Universo era tomado como un sistema por
partes que carece de unidad. De esta manera, al final del texto, el
autor reflexiona y explica que la astronomía que le precedía era confusa
en el sentido de que no se seguían principios seguros sino que en unos
casos se utilizaban unas explicaciones, en otros otras, y que por lo
tanto se llega a un «método» incompleto (ya que si las hipótesis que se
plantearon fueran ciertas, ciertamente podrían demostrarse con
facilidad).
Las ideas principales de la obra de Copérnico, que se oponen a las
anteriores a él, son entre otras, su idea de preservar la unidad de
movimientos y crear un sistema de círculos más racional. El
helioestatismo y el heliocentrismo no son las premisas sino la
conclusión. Además, elimina los ecuantes de la astronomía porque no
parecen respetar los principios básicos de Platón.
Cambia también de hipótesis y toma la de que el Sol permanece quieto y
la Tierra se mueve (con una serie de movimientos distintos: el
movimiento de rotación, el de traslación y el de declinación que sirve
para explicar los equinoccios).
Para esto, Copérnico plantea sus hipótesis: que no existe un centro
único de todas las esferas celestes, y que además el centro de la Tierra
no es el centro del Universo (sino el centro lunar y el centro de
gravedad).
Todas las esferas giran en torno al Sol que es el centro de giro de
ellas, y el Sol está en las proximidades del centro del Mundo; supera el
problema del paralaje
si pensamos que las estrellas están a una distancia mucho mayor de lo
que se pensaba anteriormente. Además, cualquier movimiento que parezca
realizado en la esfera de las estrellas
no es tal, sino que lo que se mueve es la Tierra (que gira cada día y
da una vuelta completa, mientras que la esfera de las estrellas está
inmóvil). De esta misma manera, los movimientos del Sol no se deben a
él, sino a la Tierra que gira en torno a él igual que el resto de
planetas; y los movimientos retrógrados y directos
de los planetas no se deben a ellos, sino al movimiento de la Tierra.
Vemos, por lo tanto, que el plantear la hipótesis de que la Tierra se
mueve sirve para explicar muchas de las irregularidades de los
movimientos del Universo: elimina antiguos problemas y herramientas
complicadas como los ecuantes, las esferas celestes, etc.
ANDRES VESALIO
Andrés Vesalio o Andreas Vesalius es la forma latinizada del nombre Andries van Wesel (Bruselas, actual Bélgica, 31 de diciembre de 1514 - Zante, actual Grecia, 15 de octubre de 1564). Sin ser natural de Flandes, su familia tenía raíces flamencas. Fue el autor de uno de los libros más influyentes sobre anatomía humana, De humani corporis fabrica (Sobre la estructura del cuerpo humano).
Según el libre Die Grossen Vesalio llegó a ser “una de las figuras universales más relevantes de la investigación médica de todos los tiempos”.
Trayectoria
De
origen germánico, pero nacido en Bruselas, donde su padre era boticario
del emperador, estudió en su ciudad natal y en Lovaina, completando
luego sus estudios en París y Padua. Enseñó en Padua entre 1537 y 1543.
Acompañó a Carlos V y Felipe II en sus campañas, como médico particular,
con lo que pudo adquirir conocimientos excepcionales de cirugía. Vivió
muchos años en España, de ahí su nombre en español.
En diciembre de 1537, un día después de su graduación, realizó en Padua
su primera disección pública de un cadáver, explicando tanto la
composición de los órganos como la técnica utilizada. El Senado
veneciano impresionado le otorgó inmediatamente la Cátedra de anatomía y
cirugía de la Universidad de Padua.
Basó sus estudios anatómicos en la observación directa, con lo que
pudo rechazar docenas de errores anatómicos presentes en la obra de Galeno
(que diseccionó básicamente monos, aunque no siempre). En ese sentido
fue el fundador de la anatomía moderna. Y concretamente se le considera
el gran introductor de una antropología positiva en medicina.
De Humani Corporis Fabrica
La Fabrica de Vesalio contenía muchos dibujos extremadamente detallados de disecciones humanas, algunos de ellos en posturas alegóricas.
Base del encéfalo, mostrando quiasma óptico, cerebelo, bulbos olfatorios, etc.
Frontispicio del Fabrica. El título completo es Andreae Vesalii Bruxellensis, scholae medicorum Patauinae professoris, de Humani corporis fabrica Libri septem.
En 1543 (en el año de la gran obra de Copérnico), Vesalio publicó en Basilea su obra en siete volúmenes De humani corporis fabrica (Sobre la estructura del cuerpo humano), una innovadora obra de anatomía humana que dedicó a Carlos V.
Aunque la autoría de las ilustraciones no está clara, se considera que
es obra de varios autores, varios procedentes del taller de Tiziano
(como Jan Stephen van Calcar), y otros como Domenico Campagnola o
incluso el propio Vesalio. Pocas semanas después publicó una edición
compendiada, para uso de estudiantes, Andrea Vesalii suorum de humani corporis fabrica librorum epitome, que dedicó al príncipe Felipe, hijo y heredero de Carlos V.
La obra destaca la importancia de la disección y de lo que en
adelante se llamó la visión "anatómica" del cuerpo humano. El término
que utilizó para titular su libro, "Fabrica", posee connotaciones arquitectónicas.
En su descripción parte de los huesos, ligamentos y músculos, que
fundamentan la estructura corporal, para pasar a estudiar luego los
sistemas conectivos o unitivos (vasos sanguíneos y nervios) y los
sistemas que impulsan la vida. De los siete libros de que consta la
obra, el primero trata de los huesos y cartílagos; el segundo de los músculos y ligamentos; en el tercero se describen las venas y arterias; en el cuarto los nervios; en el quinto, los aparatos digestivo y reproductor; en el sexto el corazón y los órganos que le auxilian como los pulmones;
el séptimo y último está dedicado al sistema nervioso central y a los
órganos de los sentidos. Su modelo anatómico contrasta poderosamente con
los vigentes en el pasado.
Además de realizar la primera descripción válida del esfenoides, demostró que el esternón consta de tres partes y el sacro de cinco o seis; y describió cuidadosamente el vestíbulo en el interior del hueso temporal. Verificó las observaciones de Etienne acerca de las válvulas en las venas hepáticas, describió la vena ácigos, y descubrió en el feto el canal que comunica la vena umbilical y la vena cava inferior, llamado desde entonces ductus venosus. Describió también el omento (epiplon), y sus conexiones con el estómago, el bazo y el colon; ofreció las primeras nociones correctas sobre la estructura del píloro; y observó el pequeño tamaño del apéndice vermiforme en los hombres; dio las primeras descripciones válidas del mediastino y la pleura y la explicación más correcta de la anatomía del cerebro realizada hasta la fecha. Este libro lo pudo realizar gracias a la ayuda que le prestó un juez dándole cadáveres de asesinos.
Médico imperial. Muerte
Poco después de la publicación, le fue ofrecido el puesto de médico imperial en la corte de Carlos V. Informó al senado de Venecia de que dejaba su puesto en Padua, lo que impulsó al duque Cosme I de Médici a intentar convencerle a que se trasladase a la Universidad de Pisa,
oferta que Vesalio declinó. En la corte tuvo problemas en sus
relaciones con los otros médicos, que lo consideraban un simple
"barbero" por envidia.
Durante los doce años siguientes Vesalio viajó con la corte, tratando
heridas de guerra y torneos, realizando operaciones quirúrgicas y
autopsias, y escribiendo cartas privadas acerca de cuestiones médicas
específicas. Durante esta época escribió también su obra Radicis el Chynae, un texto corto acerca de las propiedades de una planta medicinal, la raíz de China o zarzaparrilla, en el que se defiende además de las acusaciones de los partidarios de Galeno. Recibió numerosos ataques por médicos españoles.
En 1555 publicó una edición revisada de su De Corporis. Tras
la abdicación de Carlos V, continuó ejerciendo como médico en la corte
de Felipe II, quien le recompensó con una pensión vitalicia y el
nombramiento de conde palatino. En 1562 le practicó una trepanación al príncipe Carlos.
Al final de su vida, en 1564, decidió hacer una peregrinación. Se embarcó con la flota veneciana de Giacomo Malatesta, vía Chipre. Cuando llegó a Jerusalén
recibió un mensaje del senado de Venecia instándole a aceptar su
antiguo puesto en la universidad de Padua, que había quedado vacante a
la muerte de su amigo y alumno Falopio. Tras luchar durante varios días con vientos adversos en el mar Jónico, su barco debió atracar en la isla de Zante. Allí murió poco después, cuando contaba escasamente cincuenta años.
Durante muchos años, se supuso que esa peregrinación a Tierra Santa
le fue impuesta por Felipe II, para cambiar, así, una condena a la
hoguera por la Inquisición, debida a presuntas prácticas dudosas por
entonces (al hacer una autopsia de una aristócrata española, Vesalio
habría percibido que su corazón latía aún). Hoy se considera
mayoritariamente que carece de fundamento esta leyenda macabra,
por lo que los biógrafos modernos la rechazan, sobre todo desde el
cuarto centenario de su gran libro, en 1954. Al parecer esa calumnia la
difundió Hubert Languet, que también había servido a Carlos V, pero
luego estuvo con el príncipe de Orange. Con todo, esa anécdota
fantasiosa ha circulado hasta tiempos recientes.
Actualmente la mayoría de las biografías de Servet sitúan su lugar de nacimiento en Villanueva de Sigena, aunque algún investigador mantiene la opinión de que nació en Tudela, Navarra.
Para ello se basa en documentos en los que Servet se atribuía un origen
navarro, mientras vivía en Francia bajo la falsa identidad de Michel de Villeneuve.
Sin embargo, según los partidarios de la hipótesis aragonesa, este
nombre ficticio haría alusión a su auténtica localidad natal, Villanueva
de Sigena, donde se conserva la casa familiar, hoy convertida en centro
de interpretación.
Fue hijo de Antón Serveto, noble infanzón y notario del Monasterio de Sigena, y Catalina Conesa, que por línea materna descendía de la familia judeoconversa de los Zaporta. Tenía dos hermanos menores: Pedro, quien continuó con la notaría paterna, y Juan, que fue ordenado sacerdote.
La familia Serveto utilizaba un apodo, "Revés", cuyo origen podría
deberse a que un miembro de una familia de Villanueva, probablemente
antigua y distinguida, de apellido Revés emparentase con los Serveto,
conservándose así ambos nombres en posteriores generaciones.
Joven con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor del latín, griego y hebreo,
Miguel abandonó su población de origen para ampliar estudios, quizá en
el castillo de Montearagón. Es aceptado como pupilo por fray Juan de Quintana, quien llegaría a ser confesor de Carlos I. Tras una estancia para realizar estudios de Derecho en Toulouse (Francia), donde entra por primera vez en contacto con círculos próximos a la Reforma, viaja con Quintana por Italia y Alemania como parte del séquito imperial y presencia la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia (1530).
Primeras obras teológicas
Posteriormente abandona a su mentor e inicia un periplo por varias ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo. Establece una relación cada vez más difícil y polémica con algunos líderes reformadores, como Ecolampadio de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo, donde se relaciona con Bucer, y a Hagenau (ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico).
En 1531 publicó De Trinitatis Erroribus (De los errores acerca de la Trinidad),
que produjo gran escándalo entre los reformadores alemanes. Tampoco
caló bien en su patria, ya que Servet tuvo la osadía de enviar una copia
al obispo de Zaragoza, quien no tardó en solicitar la intervención de la Inquisición. El año siguiente publicó Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), acompañado de una obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi (Sobre la Justicia del Reino de Dios). Otro opúsculo atribuido a Servet, aunque de datación imprecisa, es Declarationis Iesu Christi Filii Dei (Declaración de Jesucristo Hijo de Dios), también conocido como «Manuscrito de Stuttgart».
De los errores acerca de la Trinidad: estructura y contenido
Edición de los Errores acerca de la Trinidad.
En esta obra, dividida en siete libros o capítulos, Servet argumenta que el dogma de la Trinidad carece de base bíblica, ya que no se halla en las Escrituras, sino que es fruto posterior de elucubraciones de «filósofos». Basándose en abundantes citas de la Biblia, Servet concluye que Jesús
es hombre en tanto que nacido de mujer, por más que su nacimiento fuese
milagroso. A su vez, Jesús es también hijo de Dios, en tanto que su
nacimiento es el fruto de la fecundación de la Virgen María por el Logos divino.
Niega así Servet, por tanto, que el Hijo sea eterno, ya que fue engendrado como tal en la encarnación, aunque es divino por gracia de Dios, su Padre. Tampoco es, pues, una Persona de la Trinidad, cuya existencia niega vehementemente definiéndola como «tres fantasmas» o «Perro Cerbero de tres cabezas». Asimismo califica a los que creen en tal doctrina como «ateos, es decir, sin Dios» y «triteístas». A su vez, el Espíritu Santo
no sería una tercera Persona trinitaria, sino la fuerza o manifestación
del espíritu de Dios tal como actúa en el mundo a través de los
hombres.
Diálogos sobre la Trinidad y De la Justicia: estructura y contenido
Obra de tamaño y ambición inferiores a Errores..., Diálogos
está estructurada en dos libros como una conversación ficticia entre
dos personajes: Miguel (el propio autor) y un tal Petrucho. Según
Servet, la escribe para despejar las dudas e inquietudes sembradas por
su obra anterior, que a su juicio se deben «a mi propia impericia y a la
negligencia del tipógrafo». A diferencia de lo afirmado en Errores...,
Servet dice que Jesús no es solo divino por gracia, sino también por
naturaleza, aunque aclara que solo en tanto que participa de la
sustancia divina de su Padre.
A su vez, en el opúsculo De la Justicia del Reino de Dios
incluido al final, explica entre otras cosas la complementariedad entre
fe y caridad, pues, aunque la justificación del creyente es solo por la
fe, la caridad y las buenas obras son encomiables y complacen a Dios,
aspecto en el que se diferencia claramente de Lutero y otros reformadores protestantes. Al final se encuentra uno de los textos por los que Servet es considerado como adalid de la tolerancia y la libertad de conciencia, ya que afirma que
... ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo... Fácil sería decidir todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en deseo de profetizar.
Servet, De la Justicia..., en Obras completas, Vol. II-1, pág. 481).
Tiempo de ocultación
Miguel Servet se dirigió a Lyon. Había estado brevemente en París, donde un encuentro previsto, pero finalmente no efectuado, con Calvino se transformó en el inicio de una relación epistolar entre ambos. Servet llegó a Lyon con una nueva identidad, Michel de Villeneuve, supuestamente originario de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la Inquisición. Estuvo empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas. En 1535 le encargaron la publicación y anotación de la Geografía de Claudio Ptolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de su gran erudición. En Lyon fue la etapa más feliz de su vida. Conoció al médico Symphorien Champier, quien le animó a estudiar medicina y acabó yéndose a París.
En 1537 se matriculó en la Universidad de París
para estudiar medicina. Allí estudió junto a los grandes médicos de la
época, enseñando matemáticas y medicina en la Universidad. Sin embargo,
pronto se encontró en dificultades, puesto que dictó un curso de astrología,
en el que defendió la influencia de las estrellas en los eventos
futuros (astrología judiciaria), lo cual, junto con un opúsculo en el
que describió el uso de jarabes para administrar los remedios de la
época, le enfrentó con la comunidad universitaria.
Dejó de nuevo París y residió en diversas localidades de Francia, hasta que en Lyon se encontró con el arzobispo de Viena del Delfinado, Pedro Palmier, al que había conocido previamente en París. De esta forma entró a su servicio como médico personal en 1541.
La Restitución del Cristianismo
Portada de su obra Christianismi restitutio (1553).
En Vienne de Isère,
Servet se dedica a proseguir sus estudios y publicaciones y prepara en
secreto la que será su obra cumbre. Prosigue su correspondencia con
Calvino, a quien envía una primera versión de su libro, Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo),
de carácter fundamentalmente teológico, en espera de sus comentarios
(1546). El concepto de cristianismo ahí expuesto es cercano al panteísmo. Cristo está en todas las cosas. El mundo está lleno con él. Se mostraba también contrario al bautismo
de los niños, puesto que el bautismo debe ser un acto maduro y
consciente de discipulado cristiano, lo que le acerca a las posiciones anabaptistas.
Sobre la edad adecuada para recibir el bautismo, sugirió seguir el
ejemplo de Jesús: «Jesucristo fue él mismo bautizado cerca de los
treinta años».
Curiosamente el libro pasaría a la posteridad por contener en su
«Libro V» la primera exposición en el Occidente cristiano de la función
de la circulación pulmonar
o menor: según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar
a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en
cuyo curso se torna de color rojo y se libera «de los vapores
fuliginosos por el acto de la espiración». Servet sostenía que el alma
era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre.
Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo,
pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Por tanto, los
descubrimientos relativos a la circulación de la sangre tenían un
impulso más religioso que científico. De ahí que la descripción de la
circulación pulmonar esté dentro de una obra de teología y no de una de
fisiología. Para Servet no había diferencia entre ambos ámbitos, dado
que todo obedecía a un mismo gran designio divino.
En respuesta, Calvino le conmina a leer su propio libro Institutio religionis Christianae (Institución de la Religión Cristiana), publicado en 1536.
Servet leyó el libro de Calvino e hizo anotaciones muy críticas en los
márgenes del libro, devolviéndole la copia corregida, lo que desagradó
enormemente al reformador, quien avisó que si Servet ponía los pies en
Ginebra «no saldría vivo de ella».
Finalmente, Christianismi Restitutio es publicado anónimamente
a principios de 1553, de nuevo con gran escándalo. Un calvinista de
Ginebra escribe a un amigo católico revelándole que el autor del libro
es el hereje Miguel Servet, oculto bajo la falsa identidad de Villeneuve.
Se sospecha que detrás de esta denuncia podría estar el propio Calvino,
quien había tenido acceso al texto gracias al mismo Servet. La Inquisición
de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre ellos,
tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El
7 de abril, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado
a muerte in absentia, siendo quemado en efigie.
Juicio en Ginebra y muerte
Monumento a Servet en la plaza del Ayuntamiento de Annemasse
(Francia), villa situada a 4 km de Ginebra, al otro lado de la frontera
franco-suiza. La inscripción bajo la escultura dice: a Miguel Servet,
apóstol de las libres creencias, nacido en Villanueva de Aragón el 20 de
septiembre de 1511, quemado simbólicamente en Vienne por la Inquisición Católica el 17 de junio de 1553 y quemado vivo en Ginebra el 27 de octubre de 1553 a instigación de Calvino
Servet, probablemente de camino hacia Italia, hizo escala en Ginebra, donde fue reconocido en la iglesia donde predicaba el propio Calvino (13 de agosto). La ciudad se regía por los principios de la Reforma tal como Calvino los había definido en sus Ordenanzas eclesiásticas, basadas en su obra magna, Institución de la religión cristiana. Servet fue detenido y juzgado por herejía (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta).
Servet sufrió grandes penalidades durante su cautiverio, como
atestigua su carta al Consejo de Ginebra de 15 de septiembre de 1553.
Durante el juicio, sostuvo diversos debates de carácter teológico. El
22 de septiembre, Servet escribe una última alegación en la que culpa a
Calvino de hacer acusaciones falsas de herejía contra él y solicita que
también sea detenido e interrogado como él, y concluye: «Estaré contento
de morir si no le convenzo tanto de esto como de otras cosas de que le
acuso más abajo. Os pido Justicia, Señores, Justicia, Justicia,
Justicia». Finalizado el proceso, fueron consultadas las iglesias reformadas de los cantones de Zúrich, Schaffhausen, Berna y Basilea, tras lo cual el acusado fue condenado y sentenciado a morir en la hoguera el 27 de octubre de 1553.
En una carta fechada el día anterior, Calvino comentaba a Farel que
Servet iba a ser condenado sin discusión y conducido al suplicio, y
aseguraba que él había intentado cambiar la forma de su ejecución,
aunque inútilmente.
La sentencia dictada en su contra por el Consejo (Petit Conseil) de Ginebra dice:
Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.
Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.
Consecuencias de la ejecución de Servet
Independientemente
de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor
como polemista religioso, los sucesos que acarrearon el juicio y muerte
de Miguel Servet se han considerado como punto de arranque de la
discusión que condujo al reconocimiento de la libertad de pensamiento y
de expresión de las ideas. Asimismo, las Iglesias Unitarias, surgidas de los movimientos antitrinitarios del siglo xvi y posteriores, consideran a Servet su pionero y primer mártir.
La ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores de toda
Europa, principalmente en el ámbito protestante, que se oponían a que se
matara a las personas por razones de fe. Destaca particularmente la defensa de Servet que realizó Sebastián Castellion:
«Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre.
Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina,
mataron a un hombre».
Por otro lado, desde mediados del siglo xix y principios del xx, Servet comenzó a ser reivindicado por partidarios del librepensamiento,
que veían en su ejecución una prueba de los peligros que conlleva el
fanatismo religioso, aunque a menudo como resultado de un análisis
superficial y sin tener en cuenta la obra y conceptos teológicos del
propio Servet.
Marian Hillar, estudioso polaco-norteamericano de la obra de Servet,
hizo la siguiente evaluación sobre el impacto perdurable que tuvo la
ejecución del erudito español: «Fue el punto de inflexión en la
ideología y mentalidad dominantes desde el siglo iv.
[...] Históricamente hablando, con la muerte de Servet, la libertad de
conciencia acabó convirtiéndose en un derecho civil en la sociedad
moderna».
Estatua de Miguel Servet maniatado a la estaca de la hoguera, en la plaza Aspirant Dunand de París.
Monumentos e instituciones dedicados a la memoria de Miguel Servet
Miguel Servet en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza
Estatua dedicada a Miguel Servet en el Hospital Miguel Servet de
Zaragoza. Realizada por la escultora suiza Clotilde Roch en 1908.
Monumento a Miguel Servet en la calle Asalto de Zaragoza, España.
En España:
- En su villa natal Villanueva de Sigena en Aragón hay una estatua que le representa, situada al lado de la iglesia de la villa y un centro de estudios dedicado a Miguel Servet.
- Un Hospital Universitario de Zaragoza, lleva el nombre de Miguel Servet.
- El parque municipal de Huesca se denomina Miguel Servet.
- En numerosas ciudades españolas hay calles dedicadas a Miguel Servet.
En Suiza:
- En Ginebra existe una calle con su nombre, Michel Servet, y un monumento conmemorativo cercano al lugar donde fue quemado, erigido en 1903. Además, el 3 de octubre de 2011 fue inaugurada una estatua con la efigie de Servet, copia de la estatua de Annemasse, junto al monolito previamente existente.
En Francia:
- En Vienne en el departamento de Isère, donde Servet vivió después de 1540, hay una escuela pública de primaria que lleva su nombre, y en donde se encuentra también un monumento en su honor, realizado por el escultor Joseph Bernard.
- En París, en la Plaza del aspirante Dunand, en el distrito 14, hay una estatua de mármol que le representa encadenado a la hoguera. Esta estatua fue erigida en 1908 y es obra del escultor Jean Baffier.
- En Annemasse hay una estatua de Michel Servet en la plaza de la alcaldía, réplica de una obra anterior, destruida por el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, y originalmente realizada por la escultora Clothilde Roch.
- En Lille hay un liceo profesional que lleva su nombre.
En Venezuela:
- En la ciudad de Maracaibo existe un colegio con su nombre.
En Estados Unidos:
- Una iglesia unitaria universalista incluye a Servet en su nombre: la Michael Servetus Unitarian Society, en una localidad a las afueras de Minneapolis, en Minnesota.
Obras relacionadas con Miguel Servet
- Teatro: La sangre y la ceniza (1967), de Alfonso Sastre.
- Cine: Passion et mort de Michel Servet (Pasión y muerte de Miguel Servet). Dirigida por Claude Goretta, 1975. Con Michel Cassagne en el papel de Miguel Servet.
- Televisión: Miguel Servet, la sangre y la ceniza. Serie para Televisión Española. Dirigida por José María Forqué, 1988. Con Juanjo Puigcorbé en el papel de Miguel Servet.
- Ópera: Le procès de Michel Servet (El proceso de Miguel Servet). Compuesta por la cantante y compositora australiana Shauna Beesley y el libretista suizo Jean-Claude Humbert. Estrenada en Ginebra el 28 de octubre de 2011.
- Ensayo histórico: Castellio contra Calvino (1936), reflexión filosófica de Stefan Zweig.
- Novela: Reconstrucción de Antonio Orejudo.
- Novela: El médico hereje (2013), José Luis Corral
Michelangelo Buonarroti (Caprese, 6 de marzo de 1475 - Roma, 18 de febrero de 1564), conocido en español como Miguel Ángel, fue un arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista,
considerado uno de los más grandes artistas de la historia tanto por
sus esculturas como por sus pinturas y obra arquitectónica.1 Desarrolló su labor artística a lo largo de más de setenta años entre Florencia y Roma, que era donde vivían sus grandes mecenas, la familia Médici de Florencia y los diferentes papas romanos.
Fue el primer artista occidental del que se publicaron dos biografías en vida: Le vite de' più eccellenti pittori, scultori e architettori, de Giorgio Vasari, publicada en 1550 en su primera edición, en la cual fue el único artista vivo incluido,2 y Vita de Michelangelo Buonarroti, escrita en 1553 por Ascanio Condivi, pintor y discípulo de Miguel Ángel, que recoge los datos facilitados por el mismo Buonarroti.3 Fue muy admirado por sus contemporáneos, que le llamaban el Divino.4 Benedetto Varchi, el 12 de febrero de 1560, le envió una carta en nombre de todos los florentinos diciéndole:
... toda esta ciudad desea sumisamente poderos ver y honraros tanto de cerca como de lejos... Vuestra Excelencia nos haría un gran favor si quisiera honrar con su presencia su patria.
Triunfó en todas las artes en las que trabajó, caracterizándose por su perfeccionismo.a
La escultura, según había declarado, era su predilecta y la primera a
la que se dedicó; a continuación, la pintura, casi como una imposición
por parte del papa Julio II, y que se concretó en una obra excepcional que magnifíca la bóveda de la Capilla Sixtina; y ya en sus últimos años, realizó proyectos arquitectónicos.
MIGUEL ANGEL BUONARROTTI
Biografía
Copia del documento del nacimiento y bautismo de Miguel Ángel en Caprese. Casa Buonarroti (Florencia).
Nació el 6 de marzo de 1475, en Caprese, una villa de la Toscana cerca de Arezzo.
Fue el segundo de cinco hijos varones de Ludovico di Leonardo
Buonarroti di Simoni y de Francesca di Neri del Miniato di Siena.
Su madre murió en 1481, cuando Miguel Ángel contaba con seis años. La
familia Buonarroti Simoni vivía en Florencia desde hacía más de
trescientos años y habían pertenecido al partido de los güelfos;
muchos de ellos habían ocupado cargos públicos. La decadencia económica
empezó con el abuelo del artista, y su padre, que había fracasado en el
intento de mantener la posición social de la familia, vivía de trabajos
gubernamentales ocasionales, como el de corregidor de Caprese en la época en que nació Miguel Ángel.
Regresaron a Florencia, donde vivían de unas pequeñas rentas
procedentes de una cantera de mármol y una pequeña finca que tenían en Settignano, pueblo donde Miguel Ángel había vivido durante la larga enfermedad y
muerte de su madre; allí quedó al cuidado de la familia de un
picapedrero.
El padre le hizo estudiar gramática en Florencia con el maestro
Francesco da Urbino. Miguel Ángel quería ser artista, y cuando comunicó a
su padre que deseaba seguir el camino del arte, tuvieron muchas
discusiones, ya que en aquella época era un oficio poco reconocido.
Ludovico di Leonardo consideraba que aquel trabajo no era digno del
prestigio de su linaje. Gracias a su firme decisión, y a pesar de su
juventud, consiguió convencerlo para que le dejara seguir su gran
inclinación artística, que, según Miguel Ángel, le venía ya de la nodriza
que había tenido, la mujer de un picapedrero. De ella comentaba:
«Juntamente con la leche de mi nodriza mamé también las escarpas y los
martillos con los cuales después he esculpido mis figuras».
Mantuvo buenas relaciones familiares a lo largo de toda su vida. Cuando su hermano mayor, Leonardo, se hizo monje dominico en Pisa,
asumió la responsabilidad en la dirección de la familia. Tuvo a su
cargo el cuidado del patrimonio de los Buonarroti y lo amplió con la
compra de casas y terrenos, así como también concertó el matrimonio de
sus sobrinos Francesca y Leonardo con buenas familias de Florencia.
Aprendizaje
Retrato de Miguel Ángel, por Daniele da Volterra, donde se aprecia su nariz chata.
Desde muy joven manifestó sus dotes artísticas para la escultura,
disciplina en la cual empezó a sobresalir. En abril de 1488, con doce
años de edad y gracias al consejo de Francesco Granacci, otro joven que se dedicaba a la pintura, entró en el taller de los famosos Ghirlandaio (Domenico y Davide); su familia y los Ghirlandaio formalizaron un contrato de estudios durante tres años:
1488. Yo, Ludovico di Lionardo Buonarota, en este primer día de abril, inscribo a mi hijo Michelangelo como aprendiz de Domenico y Davide di Tomaso di Currado, durante los próximos tres años, bajo las condiciones siguientes: que el dicho Michelangelo ha de permanecer durante el tiempo convenido con los anteriormente citados para aprender y practicar el arte de la pintura y que ha de obedecer sus instrucciones, y que los nombrados Domenico y Davide habrán de pagarle en estos años la suma de veinticuatro florines de peso exacto: seis durante el primer año, ocho el segundo año y diez el tercero, en total una suma de noventa y seis liras.
Allí permaneció como aprendiz durante un año, pasado el cual, bajo la tutela de Bertoldo di Giovanni, empezó a frecuentar el jardín de San Marcos de los Médicis, donde estudió las esculturas antiguas que había allí reunidas. Sus primeras obras artísticas despertaron la admiración de Lorenzo el Magnífico, que lo acogió en su Palacio de la Via Longa, donde Miguel Ángel se habría de encontrar con Angelo Poliziano y otros humanistas del círculo de los Médicis, como Giovanni Pico della Mirandola y Marsilio Ficino.10 Estas relaciones lo pusieron en contacto con las teorías idealistas de Platón,
ideas que acabaron convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales
de su vida y que plasmó tanto en sus obras plásticas como en su
producción poética.
Según Giorgio Vasari, un día, saliendo del jardín de los Médicis —o, según Benvenuto Cellini, de la capilla Brancacci, donde él y otros alumnos aprendían a dibujar delante de los frescos de Masaccio—, fue cuando Pietro Torrigiano
le dio un puñetazo y le rompió la nariz; como consecuencia, le quedó la
nariz chata toda la vida, tal como se aprecia claramente en todos sus
retratos.
Recorrido artístico
Retrato de Lorenzo el Magnífico, primer mecenas de Miguel Ángel, por Giorgio Vasari.
Tras la muerte de Lorenzo el Magnífico, en 1492, Miguel Ángel huyó de Florencia y pasó por Venecia, instalándose después en Bolonia. Allí esculpió diversas obras bajo la influencia de la labor de Jacopo della Quercia.
Pero en 1496 decidió partir hacia Roma, ciudad que había de verle
triunfar. Allí inició una década de gran intensidad artística, después
de la cual, con treinta años, sería acreditado como un artista de
primera línea. Después del Bacus del Bargello (1496), esculpió la Piedad del Vaticano a los veintitrés años, y posteriormente realizó el Tondo Pitti. De la misma época es el cartón de La batalla de Cascina, actualmente perdido, pintado para la Señoría de Florencia, y el David,
obra cumbre de la escultura, de una gran complejidad por la escasa
anchura de la pieza de mármol, que fue colocado delante del palacio del Ayuntamiento de Florencia y se convirtió en la expresión de los supremos ideales cívicos del Renacimiento.
En marzo de 1505, Julio II
le encargó la realización de su monumento fúnebre: Miguel Ángel
proyectó un complejo arquitectónico y escultórico monumental en el cual,
más que el prestigio del pontífice, se loaba el triunfo de la Iglesia.
El escultor, entusiasmado con esta obra, permaneció en Carrara
durante ocho meses para ocuparse personalmente de la elección y la
dirección de la extracción de los mármoles necesarios. Al regresar a Roma, el papa había dejado a un lado el proyecto del mausoleo, absorbido como estaba con la reforma de Bramante en la basílica de San Pedro.
Miguel Ángel, contrariado, abandonó Roma y se dirigió a Florencia, pero
a finales de noviembre de 1506, después de numerosas llamadas del
pontífice —que hasta le llegó amenazar con la excomunión—, se reunió con él en Bolonia.14
En mayo de 1508, aceptó dirigir la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina,
cuyos frescos concluyó cuatro años más tarde, después de un trabajo
solitario y tenaz. En esta obra ideó una grandiosa estructura
arquitectónica pintada, inspirada en la forma real de la bóveda. En el tema bíblico general de la bóveda, Miguel Ángel interpuso una interpretación neoplatónica del Génesis y dio forma a un tipo de interpretación de las imágenes que conseguirían ser un símbolo del arte del Renacimiento.
Después de la muerte de Julio II, en mayo de 1513, el artista hizo un
segundo intento de seguir con la obra del mausoleo del pontífice. Con
este propósito esculpió las dos figuras de los Esclavos y el Moisés, que reflejan una atormentada energía, la terribilitá de Miguel Ángel. Pero este segundo intento tampoco prosperó.
Finalmente, después de la muerte de Bramante (1514) y de Rafael Sanzio (1520), Miguel Ángel consiguió la total confianza del papado.
El gran retardo con que Miguel Ángel obtiene en Roma el reconocimiento oficial ha de ser atribuido a la heterodoxia de su estilo. Le faltaba lo que Vitruvio llamaba decòrum, es decir, el respeto por la tradición.
En 1516, por encargo de León X, inició el proyecto para la fachada de la basílica de San Lorenzo de Florencia,
trabajo que en 1520 debió abandonar con gran amargura. Del proyecto
original se conservan numerosos dibujos y una maqueta de madera. A
partir de 1520 y hasta 1530, Miguel Ángel trabajó en Florencia y
construyó la Sacristía Nueva de San Lorenzo y la Biblioteca Laurenciana, en especial su escalera. Después del saqueo de Roma (1527)
y de la expulsión de los Médicis de Florencia, Miguel Ángel formó
parte, como hecho meramente anecdótico, del gobierno de la nueva
República Florentina, de la cual fue nombrado «gobernador y procurador
general de la fabricación y fortificación de las murallas», y participó
en la defensa de la ciudad asediada por las tropas papales. En 1530,
después de la caída de la República, el perdón de Clemente VII
lo salvó de la venganza de los partidarios de los Médicis. A partir de
este año reemprendió los trabajos de la Sacristía Nueva y del sepulcro
de Julio II.
En 1534, al encontrarse a disgusto con la nueva situación política
que se había instaurado en Florencia, abandonó la ciudad y se estableció
en Roma, donde aceptó el encargo de Clemente VII para trabajar en el
altar de la Capilla Sixtina y donde, entre 1536 y 1541, realizó el magnífico Juicio Final. Hasta 1550 fue haciendo obras para la tumba de Julio II, y los frescos de la Capilla Paulina (La conversión de san Pablo y Crucifixión de san Pedro).
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